Vanessa Hessler, la modelo de rostro dulce que personifica la campana Alice de la telefónica alemana O2 y Telefónica, fue despedida después de hablar positivamente sobre su novio Mutassim Gaddafi, ejecutado por los comandos rebeldes en Sirte. Sobre la familia del dictador dijo en su residencia italiana que se trataba de “gente normal” y sobre el conflicto explico que las informaciones estaba llena de mentiras en una guerra que “nosotros financiamos”.
Hessler de 23 años, había tenido una relación con el quinto hijo de Muamar Gaddafi desde hace cuatro años y no había negado su relación con el clan. Como suele ocurrir, mientras la familia estaban en el poder era tolerado, después de todo no es la única famosa que estuvo vinculada o prestaron servicios a esta dictadura y otras más, ejemplo, Beyoncé, Usher, Nelly Furtado, Mariah Carey, 50 Cent, etc, etc.
Hoy que el oportunismo comercial y político está del lado de quienes ganaron la guerra, Hessler ha perdido su inocente gracia y sobre todo habla. En un continente donde hay suficiente democracia y libertad de expresión para garantizar a neonazis, xenófobos y racistas marchar por las calles, ser electos e incluso publicar libros que se hacen best seller, la opinión pública puede masacrarte por decir lo que realmente pensás, y te marginan por pensar algo diferente, tengás o no razón. Mil periodicos dicen lo mismo, celebracion del pensamiento homogeneo.
Qué esperaban de esta muchacha? Qué hablara de cómo Mutassim asesinaba a opositores en su cara y chupaba su sangre como vampiro, que miró las cabezas de enemigos como trofeos en las paredes de su mansión en Trípolis o en su hotel de Venecia? La única foto pública entre ambos es en un yate en las aguas de St. Tropez, la vida loca patrocinada por el petroleo libio, inmoral, ilegal, pero no causa de suspensión de contrato, hay mas fotos de Muamar Gaddafi con politicos de todo el mundo.
Las imagnes que ha visto de Sirte con los cuerpos inmóviles de simpatizantes del régimen transmiten esa mezcla de realidad-ficción de un lugar remoto del mundo, pero a la vez a la vuelta de la esquina. Videos de Mutassin ensangrentado, tomando agua, fumando un cigarrillo y visiblemente torturado, antes de su ejecusión, circulan por docena en internet, igual las secuencias del celular con el cadaver de Gaddafi arrastrado por las calles de su ciudad natal, es el trofeo de los vencedores; cuerpos inertes, vejados y sin el último suspiro del poder, se presentan como objetos, así como los bárbaros mostraban las cabezas de los enemigos vencidos.
Y así celebran políticos, intelectuales y periodistas la caída del dictador, sin cuestionar nada, como si fuera el único demonio del mundo, claro, un dictador menos, ganancia de todos, pero nadie tiene ganas de hablar de otras verdades, aunque sea una guerra que todo el mundo sabe, ocurrió para ocupar el petroleo del país africano con el mejor índice de vida, hoy siguen cayendo bombas y asaltando casas de civiles en otros paises con otras dictaduras, pero desgraciadamente sin recursos estratégicos, ni interés geopolítico como para llamar la atencion del aparato militar occidental.
Nunca fui simpatizante de Gaddafi, a quien el periodista Carlos Guadamuz recordaba como el único dictador a quien vió con sus propios ojos golpeando con su puño a la gente, en un acto público detrás de las tribunas. Un típico dictador de tantos que existen, de esos que ponen a su familia por estado, su imagen por religión y la nación como empresa. Sólo que su cuerpo sobre las calles de Sirte me revela el cinismo humano y la hipocresía de nuestros medios. La muerte por muerte no queda en empate, se culpan los delitos con los mismas injusticias y se celebra la muerte, no la libertad, la moraleja academica es al fin de cuenta, “se lo merecia”, pero nosotros, los civilizados, los democratas, los idealistas, los justos y mediadores de los derechos humanos, nos merecemos convertirnos en esa misma clase de monstruos? La tragedia de Libia, es el fracaso humano, una vez mas.
La brutalidad de las imágenes no son más que parte de nuestro cinismo frente a la vida y los derechos universales, por qué hay dictadores buenos y malos, depende eso tambien de los tiempos y las conveniencias? Al final, a pesar de las tumbas llenas de asesinados por el régimen, sus muertes sin juicio civil y ordenado, se transformaran para siempre en silencio violento de una espiral sin limite. Por otro lado, las mismas bombas en Bengasi, cayeron sobre Tripoli, bombas hechas en Francia, Inglaterra, Espana y Estados Unidos, vendidas a Gaddafi por ser buen cliente y tiradas sobre su casa por no ser más útil. Y no hay más dictadores en el mundo que cazar, enjuiciar y encerrar? Quien es el proximo en la lista?
Yo mismo he pensado dos, tres, mil veces antes de escribir este artículo, porque quién quiere hablar de Gaddafi ahora que está muerto y quien quiere cuestionar a los vencedores? Por qué quemarse, si ni sus más cercanos amigos como Daniel Ortega, hablan ahora de sus huesos. Porque como Alice, también me pueden callar los perros. Lástima que solo a ella le ladran y no a un Nicolás Sarkozy, por qué no le quitan a el tambien su contrato de première, no fue quien estuvo vendiendo armas, apoyando la reinclusión diplomática, firmando millonarios intercambios y estrechando la mano de esta dictadura, mientras la muchacha rubia estaba de fiesta con uno del clan?
Irónico tambien es que las últimas palabras del coronel fueran, “no me maten a mis hijos”, eso es lo peor de esta historia, porque sería bueno que los dictadores no tuvieran nada humano, sería fácil odiarlos, pero esto nos coloca en un lugar muy cercano, cualquiera con un poco de poder podría ser un Gaddafi. Por eso hay gente que les cree a los dictadores, porque como Hessler dice, parecen gente normal, como parecen normales aquellos que en nombre de la democracia, la libertad y los derechos humanos, tiran bombas sobre ciudades.
Me imagino que en sus últimas horas de vida y frente a sus captores, Mutassim pensó en su novia italo-estadounidense, el eslogan publicitario que presenta la muchacha es justo lo que necesitaba: “el que quiere libertad, viene a Alice”.