La Stasi y Nicaragua

Secretos de la Dirección General Seguridad del Estado

Durante el 30. Aniversario de la Revolución, Daniel Ortega condecora a Margot Honecker, viuda de Erich Honecker, jefe del último gobierno alemán socialista.

Si no fuera por los uniformes militares, con sus estrellas reluciendo las jerarquías, parecerían viejos burócratas desvelados alrededor de una larga mesa donde se traducen conversaciones en ruso, búlgaro, checo, alemán y español. La reunión secreta ocurre en el edificio uno de la Calle de los Normandos de Berlín este, sede del Ministerio de la Seguridad del Estado, conocido mundialmente como la Stasi, uno de los organismos de espionaje más célebres y represivos de la historia moderna.

La sede de la Stasi es un complejo monótono de tono gris y ventanas sucesivas donde están los secretos de la República Democrática Alemana (RDA). Al caer el muro, seis millones de expedientes fueron encontrados aún intactos, describiendo por escrito con minuciosidad y disciplina germana gran parte de las operaciones nacionales e internacionales.

La reunión de generales uniformados espera la primavera a mediados de marzo de 1980, se trata del Consejo Multilateral de Organismos de Seguridad que debe resolver en una agenda de dos días una petición que afectará el desarrollo de las pugnas ideológicas de esa década, pero al otro lado del mundo: el Gobierno de Nicaragua pide “solidaridad” a los camaradas en materia de seguridad y defensa.

Ahí están presidiendo por la anfitriona Stasi, el general Jaenicke, lo acompañan el mayor general Medjanik y el coronel Kolomjakow por la KGB soviética; los coroneles Vlcek, Platschkow y Hamel Ruiz, de los ministerios del Interior de Checoslovaquia, Bulgaria y Cuba, respectivamente. El funcionario cubano concentra la atención de la reunión, conoce mejor la situación del nuevo gobierno en Centroamérica e informa que el Frente Sandinista está dividido en tres tendencias.

Los líderes mencionados son Tomás Borge, “muy querido dentro del movimiento y la población, ‘Modesto’ (Henry Ruiz) el más activo en la lucha armada, pero son Borge y Humberto Ortega los polos de esas tendencias y es posible decir que serán la cabeza guía en Nicaragua”, considera Hamel Ruiz.

—¿Por qué tres tendencias, son muy grandes las diferencias? –pregunta Vlcek.

—Los prejuicios entre las tendencias son antiguos (…). En este momento los dirigentes del FSLN están más aferrados a sus viejas fracciones que a los intereses nacionales. Hay ciertas antipatías personales, en la propaganda se tildan errores del pasado –revela el oficial cubano.

Los checoslovacos deciden no enviar a ningún agente a Managua y prefieren trabajar con el contacto que tienen en La Habana. Del informe de su espía depende una decisión sobre la ayuda en inteligencia, pero Vlcek asegura que donarán al menos uniformes, armas y equipos de comunicación para las milicias.

Alguien más interrumpe la exposición del coronel Ruiz. Se trata del mayor general Medjanik, representante del Primer Alto Directorio de la Administración General del Comité para la Seguridad del Estado (siglas en ruso KGB).

—¿De qué estratos sociales son los miembros del Ministerio del Interior de Nicaragua (Mint)?

—En su mayoría son personas de clase media, no existe una clase obrera fuerte y los campesinos difícilmente llegan a obtener una educación básica –responde Ruiz.

—Extraoficialmente puedo decir que enviaremos dos o tres representantes a Managua. ¿Hay algunos resultados sobre descubrimiento y liquidación de agencias extranjeras enemigas?

—Sólo hay indicios. Generalmente por el comportamiento de norteamericanos que en Nicaragua son muchos, aparentemente buscan información, pero hasta ahora no se ha podido comprobar nada. Faltan servicios de observación y el control telefónico apenas da sus primeros pasos –dice Ruiz–, pero se están organizando agencias para descubrirlos porque parece que los estadounidenses trabajan intensamente reactivando sus redes en tiempos de Somoza o creando nuevas.

Platschkow dice que Bulgaria enviará dos agentes por dos meses y que apoyarán el entrenamiento operativo de seguridad de Nicaragua. La KGB informa también “extraoficialmente” que podrían enviar dos o tres representantes a Managua. Medjanik continúa tratando de averiguar si se han descubierto y liquidado “agencias enemigas extranjeras”. Ruiz le explica que sólo tienen indicios por el comportamiento de algunos estadounidenses, pero los extranjeros son muchos y se mueven libremente en Nicaragua, trabajaban entonces en la detección de espías, pero sin ninguna prueba.

Las conversaciones se resumen en un documento de casi 50 páginas, pero los informes se prolongan en la historia, como lo revelan los expedientes de la Stasi, ahora en manos de una comisión federal alemana que emplea unos mil 500 funcionarios para la investigación, cuidado y organización de los archivos.

Los informes y cartas escritos a máquina documentan decisiones, observaciones, operaciones y encuentros, palabras censuradas al público que son apenas una parte de miles de páginas de historia hasta ahora mantenidas en secreto.

….

“¿Cómo dijiste que se llamaba?”, se escucha el reconocible timbre de Tomás Borge en la línea telefónica desde Lima, donde es embajador. “Erich Mielke”, el poderoso General en Jefe del Ministerio de Seguridad del Estado, quien organizó un servicio de espionaje donde prácticamente uno de cada cincuenta ciudadanos de la RDA colaboraba, un órgano que funcionaba con todas las arbitrariedades de un régimen totalitario.

—Era alegre, tenía sentido del humor, era afable. Tuve una muy buena impresión de él. Tenía una visión, no represiva a pesar del muro, fui con él a verlo, cuando pasaron películas de provocaciones con actos pornográficos del otro lado (…), yo le dije que el muro no era eterno, pero no pensaba a corto plazo como ocurrió y creí que se daría la unidad dentro del socialismo –responde Borge cuya correspondencia con la Stasi es la más frecuente entre los funcionarios, según se ve en los archivos.

—¿Es cierto que tenían un agente ligado directamente al cardenal Obando?

—Puede ser. Penetramos actividades adversarias en todas las áreas. Teníamos en el frente interno de  la Contra tres jefes que eran agentes nuestros, por eso nunca nos pusieron explosivos. Mataron a un jefe creyendo que era espía (nuestro).

—¿Por qué Obando?

—Realizamos actividades de  búsqueda de información de sectores religiosos y en embajadas extranjeras. Nos ayudó a detectar la traición de (Reynaldo) Aguado, que había sido reclutado por la CIA a través de su madre que vivía en Estados Unidos.

—¿Qué pasó con los archivos de la Seguridad?

—Ignoro qué se hizo, Luis Carrión controlaba eso.

Carrión, actualmente en la vida civil, es miembro del Movimiento Renovador Sandinista, prefiere no hacer comentarios por discreción de su puesto en una universidad de Managua. Borge explica que los aparatos de Contrainteligencia a cargo de Renán Montero e Inteligencia bajo el mando de Lenín Cerna, estaban adscritos al Viceministro del Mint, es decir, Carrión quien en 1988 fue sustituido por el mismo Cerna.

Sin embargo, el espionaje internacional absorbía apenas un 15 por ciento de la estructura de seguridad, “eso es para grandes naciones”, afirma una fuente fidedigna, el 85 por ciento restante estaba prácticamente a cargo de la Contrainteligencia cuya área principal de trabajo era la Contra y en segundo lugar la Iglesia Católica.

En septiembre de 1979 el Ministro de Asuntos Exteriores de la RDA, Oskar Fischer, se reunió con Daniel Ortega en Managua, el miembro de la Junta de Gobierno por representación del FSLN, quien le pidió entre otras cosas ayuda para construir su aparato del “orden” y consejeros en defensa y seguridad.

Entre marzo y abril de 1980  la primera delegación oficial viajó para reunirse con parte del Estado Mayor de la Stasi. Tomás Borge, Hugo Torres y Marcos Somarriba fueron recibidos por mismo general Erich Mielke, el general Jaenicke, el general Damm y el teniente coronel Scheel.

Borge explicó que Nicaragua estaba en una situación económica difícil y además no tenía acceso a materiales en el mercado internacional, pidió motos, ayuda en protección personal porque temían atentados de la CIA contra los altos mandos sandinistas y protección para los invitados especiales en el primer aniversario de la revolución, sobre todo porque probablemente llegaría Fidel Castro.

El entonces Ministro del Interior explicó que tenían apenas 200 hombres trabajando en las fuerzas de seguridad, pero sólo los 50 cubanos estaban cualificados para ese trabajo.  El Mint parecía tan débil que el Partido Social Cristiano (PSC) logró infiltrar a una persona. Borge habló de sus primeras victorias de contraespionaje. Dos ciudadanos de Alemania occidental habían sido capturados y ofreció a la Stasi espacio para que dos de sus especialistas los interrogaran, también habían tomado “medidas represivas” contra los comunistas y el Frente de los Trabajadores que pedía aumentos salariales “poco realistas”.

Elí Altamirano había sido entonces aliado de los sandinistas, pero fue acusado como colaborador de la CIA. “Trabajamos en las pruebas”, sostuvo Borge, quien lo menciona en el documento como el “Secretario General del Partido Comunista”. Altamirano, 27 años después, recuerda que nunca lo acusaron de colaborar con la CIA, más bien considera que lo apresaron fuerzas reaccionarias y oportunistas que para justificar sus agresiones inventaron algo en su contra.

Carla Sequeira, coordinadora legal de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), explica que  entre las 3,212 denuncias contra la Seguridad del Estado en la década de los ochenta, hay muchas personas que fueron acusadas o desaparecidas injustamente sin juicios ni pruebas, muchas veces por las declaraciones de alguna persona que bajo amenazas o para salvarse de la cárcel testificaba en contra de alguien.

Un papel muy relevante en los juicios de los primeros años del sandinismo fueron los archivos del Organismo de Seguridad Nacional (OSN) de Somoza que sirvió para perseguir a los colaboradores del régimen derrotado, pero también para que el gobierno sandinista ratificara a sus funcionarios y partidarios.

El archivo de la OSN capturado con el triunfo militar sandinista, era toda una joya para las nuevas autoridades de seguridad, tenía clasificados a seis mil agentes somocistas y guardaba información sobre las iglesias, sectas, organizaciones estatales  y privadas, socios del régimen, pero particularmente de embajadas, consulados, extranjeros y grupos de interés.

Somoza había coleccionado un fichero de personas con más de 250 mil tarjetas de enemigos, miembros de la oposición y simpatizantes del FSLN.

El Mint también aportó al archivo y levantó un expediente de todos sus empleados que por diferentes razones habían renunciado, ahí quedaban sus documentos completos y el informe final del trabajo realizado que en abril de 1982 lo constituían 5,000 fichas del personal.

En el registro central encontraron además 15,000 expedientes, sobre todo de simpatizantes del somocismo, los cuales usaron para condenar a libertad condicional a muchos de ellos.

Otros 5,500 expedientes del somocismo fueron catalogados como “documentos temáticos” y en dos años se agregaron 200 más, con un promedio de 150 personas nombradas en cada uno.

El 19 de octubre de 1982 el oficial contacto de la Stasi informa que el archivo del Mint ya era utilizable en su primera fase, es decir, el material recuperado de la dictadura estaba seguro, controlable, clasificable y disponible para elaborar fichas personales. Una segunda etapa continuaría con la creación de archivos en los otros departamentos.

El problema, según Sequeira, fue que muchos familiares de los guardias también fueron involucrados en los juicios populares, bajo el lema que eran cómplices y tenían conocimiento de los crímenes. Indiscriminadamente fueron juzgadas personas en rangos irrelevantes dentro de las filas somocistas, cocineros, médicos y personal administrativo.

Los archivos de la Stasi revelan también que los comandantes del directorio sandinista Luis Carrión y Jaime Wheelock sacaron 25 expedientes que la seguridad somocista había elaborado sobre altos funcionarios del FSLN.

En mayo de 1986 el jefe de la División de Inteligencia del Mint, Andrés Barahona López, conocido como Renán Montero, recibió a una delegación de la Administración Central de Instrucción de la Stasi, integrada por cinco militares, entre ellos el capitán Daemel, instructor de técnicas informativas y conspirativas especiales.

La División de Inteligencia era la encargada del espionaje internacional, con agencias o “residencias legales” en Honduras, Costa Rica, México y Cuba (probablemente también en El Salvador), así como planes de envío de un agente a Estados Unidos en 1987. Además se conoce por una carta de febrero de 1989 que Borge le informó al general Mielke, que el subcomisionado Salvador Pérez Baldovinos pasaría a otras funciones en la Embajada de Moscú, por lo que Néstor Pereira Reyes sería el contacto del Mint con la Stasi y la KGB, pero desde la Embajada de Berlín oriental.

Las prioridades de Montero estaban limitadas por la falta de preparación y los pocos recursos para el equipo de trabajo cuyas edades eran de 20 a 25 años.

Según un informe de la Stasi, la  seguridad sandinista tenía como prioridad penetrar organizaciones contras, particularmente militares, iniciando con la “neutralización” de líderes somocistas, pero habían realizado pocos trabajos “ilegales”. En segundo lugar estaba el espionaje político y el trabajo  contra la CIA.

Sin embargo, pudieron identificar a los argentinos que entrenaron primero a la Contra, así c

En un museo de Leipzig se exhibió parte del aparataje de espionaje de la Stasi.

omo pasar apoyo político, logístico y de transporte de armamento a la guerrilla salvadoreña, pero no por medio del Mint, sino a través del Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN, asegura una fuente de mucha confianza.

—¿Las armas venían de Europa?

—De Cuba, los de Europa oriental eran más conservadores. (Yuri) Andropov y (Mijaíl) Gorbachov estaban buscando cómo aplacar la tensión y no estaban dispuestos a arriesgarse por Nicaragua –afirma la fuente.

Si bien la ayuda a El Salvador mantuvo la guerra en el país vecino, el proyecto con los comunistas o cinchoneros en Honduras fue un rotundo fracaso. El grupo entrenado en Nicaragua y enviado a Honduras fue identificado fácilmente por la Inteligencia militar. “Estaban bien infiltrados (…). “Entiendo que en tres meses los destruyeron. No quedó ninguno”, explica la fuente.

Carlos Arturo Jiménez fue uno de los primeros cuadros de la Seguridad del Estado entrenados en la RDA, precisamente en Berlín, “la  capital mundial del espionaje” por ser puente entre el Este y el Oeste. En su libro Nosotros no le decíamos presidente, el ex escolta de Daniel Ortega explica que lo entrenaron como chofer-comando, con prácticas de tiro con fusil-ametralladora, armas de asalto, pistolas, blancos móviles controlados electrónicamente, explosivos y minas, igual que prácticas de karate, lucha cuerpo a cuerpo, escoltaje a pie, en vehículos y caravanas.

Los futuros agentes nicaragüenses conocieron la vida en un sistema de control absoluto, por ejemplo, al ver un canal de la enemiga República Federal Alemana (RFA) con un concierto de Paul McCartney, un oficial de la Stasi llegó a apagarles el televisor porque tenían prohibido este tipo de música y los medios occidentales, pero en señal de protesta ellos dejaron de acudir por dos días a los entrenamientos.

Jiménez regresó como parte de los primeros 40 miembros de la Seguridad del Estado entrenados en Berlín en julio de 1980.

Un expediente completo de los oficiales nicaragüenses era particularmente levantado por la Stasi, Magazine tuvo acceso a estos documentos donde se explica al mando superior no solamente el entrenamiento, sino las posiciones políticas e incluso las actividades privadas de cada uno de los estudiantes.

En los años 1986 la Stasi y el Ministerio del Interior de la  RDA entrenaron a 133 colaboradores del  Mint, en 1988 a otros 133 y para el año de la caída del muro de Berlín, habían 40 en aquella nación.

Los cubanos se involucraron más que nadie. El Minint castrista daba seminarios de tres a seis meses a los cuadros del Mint en materia de defensa, investigación, migración, policía y en el sistema penitenciario.

Durante ocho meses una compañía completa de tropas especiales y una tropa de choque de la revolución fueron entrenadas en la isla y los mejores cuadros integraron las unidades de defensa y espionaje nicaragüenses.

Un personaje clave en materia de seguridad para el Mint fue el “General Roberto”, el principal consejero cubano, cuyo nombre real es Fabián Escalante Font. Sin embargo, oficialmente el aparato de seguridad lo integraron Lenín Cerna como segundo de Tomás Borge y director de la División de Contrainteligencia (División Cinco), Inteligencia (asumida después por Renán Montero), Telegrafía Cifrada (División Ocho) y Migración, mientras René Vivas era nombrado jefe de la Policía Sandinista, José Figueroa Aguilar quedaba en el directorio del Mint y Juan José Úbeda fue escogido como segundo de Cerna.

Sobre Montero en la División de Inteligencia, la Stasi conservaba un archivo por la donación de microfilmes, cámaras ASRM, aparatos de revelación fotográfica, un aparato de agua caliente, películas y químicos.

De las conexiones de Montero se conserva una carta al general Markus Wolf, jefe del Departamento de Espionaje  Internacional de la Stasi, conocido como “Romeo” o el “Espía sin Rostro”, el número dos en la línea de mando, cuyo principal método de infiltración eran los oficiales jóvenes que seducían a secretarias solteras del gobierno federal en Bonn, con lo que logró penetrar incluso a la oficina del canciller Willy Brandt.

La carta remitida a Wolf en mayo de 1986 explica que “hemos comenzado a ampliar los métodos de mensajes secretos, pero no contamos con los medios suficientes en el laboratorio”, los sandinistas requieren un aparato destilador, una pesa para microanálisis de precisión, una cabina para secar químicos, un batidor electrónico con medidor de nivel reológico, una prensa hidráulica con planchas de presión para temperaturas de hasta 200 grados.

En cuanto a los trabajos operativos necesitan una radio Morse modelo 32620 para enviar a las agencias de espionaje amigas o propias, también dos telefax, dos conmutadores, una cámara de 35 ó 16 milímetros de foco, entre otras cosas.

Los alemanes le mandan todo  y mucho más, la ayuda no se limitaba a la técnica, incluía literalmente desde el papel, el lápiz y sellos, hasta la tinta.

Tomás Borge, antiguo Ministro del Mint, confirma la colaboración técnica de la Stasi, pero sostiene que en Inteligencia ayudaban muy poco, en este caso, ellos les informaban más sobre las actividades estadounidenses.

Los intereses de la Stasi estaban en otro lugar, más preocupados por robarse secretos militares e industriales de grandes potencias como Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania occidental, para Nicaragua dejaron sus relaciones de cooperación técnica; en las áreas de migración ayudaron mucho, revela la fuente anónima, pero además, estaba el entrenamiento de los cuadros de  Inteligencia y las milicias.

A comienzos de marzo de 1981 el oficial de contacto Guertler y otros dos funcionarios de la Stasi explican que inician trabajos de control telefónico en Nicaragua con cooperación del Minint de Cuba, se trata de la sección F-6, limitada a Managua, con cinco subdivisiones.

El departamento F6-A espiaba teléfonos y el F6-D se encargaba de control acústico del espacio y la limpieza de comunicaciones de micrófonos enemigos, en  esos momentos un grupo cubano estaba instalando una central para tres celdas del penitenciario de la Zona Franca.

Los soviéticos se negaron a colaborar con equipos en esta área. Un reporte de febrero de 1988 tal vez lo explica, pues el oficial consejero de la sección F6, un cubano de seudónimo “Genado” era el contacto de la KGB desde 1985.

En 1984 fue nombrado como jefe de esta área Edgard Guerrero (J.C.) que había estado en la sección de observación de personas, pero la F6-A tuvo un personal intermitente, cuyas cabezas fueron en diferentes períodos Rafael Montenegro, Emilio Álvarez, Silvio Fonseca y “Ligia”.

El departamento contaba con 50 colaboradores con capacidad para vigilar 120 líneas y a mediados de los ochenta controlaban a 80 personas. La sección F6-B era de control postal, en Telcor había diez colaboradores en la central de correos, otros 20 estaban en actividades conspirativas. Las secciones C y E se encargaban de la observación de personas y de defensa de comunicaciones  enemigas, respectivamente.

Toda el área F6 estaba bajo dirección y control cubano permanente, a través de consejeros o jefes directos, escribió el teniente coronel Mueller en febrero de 1982. En esta sección estaba Guillermo Mendoza “Ernesto” como encargado de cateos conspirativos y Nora Cerna como analista de control telefónico.

El oficial contacto de la Stasi en Nicaragua, alias “Guardabosque”, escribió en febrero de 1984 un parte a las autoridades en Berlín con una petición especial de Lenín Cerna, jefe de la División de Contrainteligencia del Mint, órgano encargado de la seguridad interna del gobierno sandinista.

Cerna quería que el Sector Técnico Operativo de la Stasi  instruyera al “grupo estudio”, es decir, a los encargados de aparatos técnicos de espionaje, documentos ficticios e investigación criminal. Pidió además consejería sobre prisiones y aseguramiento de objetivos.

Una información calificada como “streng geheim” (extremadamente secreta) y firmada por el oficial contacto en mayo de 1982 informa que un grupo de consejeros vietnamitas explicó a los mandos del Mint y el EPS después de visitar la zonas de enfrentamiento en Zelaya Norte, hoy RAAN, que muchos contras tenían apoyo de sus familiares en la zona y eran jóvenes entre 14 y 20  años, desempleados.

Los vietnamitas se percataron que el número y equipamiento de los armados había sido exagerado por la comandancia sandinista, pero notaron que en los lugares donde operaban los irregulares había una fuerte influencia de la Iglesia católica y las sectas evangélicas.

La Seguridad del Estado durante este tiempo tuvo cambios de personal constantes, en la mayoría de casos, describe la Stasi, porque algunos miembros tenían familiares en la Contra, otros renunciaban por diferencias con superiores, problemas de salud o eran trasladados por incapacidad para labores especiales operativo-técnicas.

Sin embargo, la guerra y la crisis económicas se agudizaron. Los primeros avances del sistema que deseaba el sandinismo se vieron retenidos por la guerra, el agotamiento económico y los errores propios, como lo plantea ahora Borge.

Finalmente el Estado quedó en bancarrota. La denominada “compactación” tocó al Mint fuertemente en 1988, siendo las áreas de espionaje y migración las más afectadas, reduciendo su presupuesto y personal en un 40 por ciento. La noche del jueves 9 de noviembre cayó el Muro de Berlín y el mimo del Este se terminó para los sandinistas.

Cerna, quien gozaba de mucho apoyo político de los Ortega y autonomía para operar, aún a expensas del mismo Borge –revela nuestra fuente–, ha dicho sobre su actuación en una de las pocas entrevistas que concedió al periodista Danilo Aguirre en 1999: “Yo no entré al FSLN para ser militar  o jefe de Inteligencia de Nicaragua. Nosotros estábamos seguros de dos cosas: que entrábamos para luchar, y casi siempre estábamos seguros de que no saldríamos con vida. Yo no quise ser Viceministro del Interior, pero alguien de nosotros tenía que ser. No estudiamos en una Academia o Escuela de Inteligencia, pero teníamos que hacer lo mejor posible para sostener a la Revolución”.

Publicado en la Revista Magazine Nr. 112, el 15 de junio del 2008, páginas 12-19.

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