Creer en lo imposible

Oslo, 16 de junio 2012
Dejó a su familia en el viejo mundo para quedarse en casa con un trabajo de espanto. El poder militar contra una mujer que aún ante los más merecidos cumplidos se expone abrumada y sensible. Y con eso ni una sombra de debilidad sale de su presencia, Aung San Suu Kyi tiene aura mística como los santos, como uno se imagina a los profetas bíblicos o los mártires, pero ella está viva.
En el Centro Nobel de la Paz, un millar de personas se congregan para escucharla. Una docena de exiliados a quienes les pide que den las gracias en birmano, porque un premio de hace 21 años levantó el espíritu de una mujer que parecía levantar su voz simple y débil frente a décadas de opresión y ahogarse en el silencio del arresto y la opresión, pero finalmente saber que todo el mundo estaba pendiente de su lucha sin armas por un pais olvidado por todos.
Horas antes al recibir personalmente el Nobel después de 21 años, las voces que la celebran repiten, no es imposible la paz sin armas, se puede cambiar el mundo y una sóla persona, a veces, también puede ser la diferencia.
Suu Kyi tiene una palabra frecuente en estos dìas. Gracias, dice una y otra vez. Pero es a ella a quien le debemos la verdad que se pueden producir cambios sin las armas del tirano, un camino largo y penoso, pero digno.

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Discurso público de Aung Sun Suu Kyi en Oslo. 16 de junio, 2012

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