El Frente Sandinista: Iglesia, empresa y guerrilla

Con la pérdida del poder en 1990, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fundado en 1961 como un movimiento armado antisomocista, entonces foco de la revolución y protector de la misma perdió su identidad como institución nacional. Desde la oposición resulta una incógnita determinar la ideología de esta agrupación, porque en realidad, no es un partido político en el sentido tradicional, sino, de una milicia de ideologías mixtas y de grupos sociales diversos, unidos con el fin de acabar con la dictadura y después uno que otro programa social como estandarte, la reforma agraria principalmente, pero en la confusión de socialismo, marxismo y democracia. Aunque el partido se defina a sí mismo como socialdemócrata. Cuál es en realidad la identidad política del partido en el gobierno?

FSLN: Una milicia, Daniel su Comandante

Ni siquiera sus fundadores escribieron un programa político o manifiesto, hasta el triunfo de la revolución en 1979 existían tres tendencias principales que demostraban la fragilidad del movimiento y las dificultades por una política común incluso para hacer la guerra, tampoco llegaron a unificar un ideario durante el gobierno, lo que mejor sostenía a la organización fue el funcionamiento pragmático del Estado y su defensa.

Con la derrota de 1990, se adhiere a la Internacional Socialista, pero hoy en el gobierno omite puntos centrales de la socialdemocracia moderna: economía mixta, seguridad social incluyendo garantías de jubilación, regulación del sector financiero y económico, ecología, promoción de derechos civiles y humanos, así como el secularismo. Lo más socialdemocrata del sandinismo es por ahora la constancia en la idea del multilateralismo, a pesar de la apariencia radical del grupo ALBA, siempre está de la mano con la ONU, OEA y SICA, incluso con el FMI y el Banco Mundial. A nivel comercial tampoco promueve el comercio justo, por el contrario, se trata de un sistema capitalista de libre mercado radical e interés en mantener a los grandes sectores económicos satisfechos, mientras acumula capitales en negocios seudoestatales no regulados ni controlados.

La paz trajo consigo el mayor cambio en el FSLN como institución, porque su función de gobierno también queda anulada con la tarea de defensa militar, las asonadas constantes durante el gobierno de Chamorro Barrios son prueba de la dificultad de diálogo y presión política, aunque también son marcas del interés por desestabilizar al sector antisandinista en vista a las siguientes elecciones. Sin embargo, la falta de una personalía militar, sobre todo en un proceso de democratización hasta cierto punto exitoso, no transforma la estructura de mandos y comandos, debe recordarse que durante casi tres décadas es ante todo un organismo de combate armado.

El Frente Sandinista nunca ha dejado de ser una milicia. La pérdida del poder no lesionó la estructura de mandos, aunque sí directamente a mucho de su personal, personalidades y grupos a la interno del que debería convertirse en un partido político mantuvo la cohesión al márgen de la doctrina ideológica gracias a la disciplina castrense y pese a la presión del recién formado grupo económico que sostenía más que todo las campañas electorales. El Frente Sandinista no logró reorganizarse como una organización política en el sentido tradicional y como institución nacional, prueba de esto fue la ruptura entre el aparataje político-ideológico liderado por Sergio Ramírez, un escritor y diputado suplente, sin experiencia, ni autoridad militar cuya propuesta desde el poder legislativo si bien es cierto buscaba ante todo restar poder al ejecutivo, beneficia el proceso de democratización por medio de la prohibición de la reelección y fortalecimiento institucional, la descentralización por medio del municipalismo y la autonomía regional, así como la ampliación de los derechos humanos, incluyendo los políticos.

Dos cosas determinan la “mística sandinista” desde entonces, el triunfo de la fuerza militar organizada integrada por ex guerrilleros, ex militares, ex policías, ex Comité de Defensa Sandinista (CDS), así como una gran influencia dentro del ejército y la policía que no necesitaba tomar posición antigubernamental por la organización de sectores de choque paramilitares que hacen perder relevancia a gremios como la Juventud Sandinista, la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza (AMLAE) y los CDS, nuevos actores aparecen, los sindicatos y la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN) son los brazos de desestabilización callejera. Sin embargo, hasta aquí la estructura de mandos funciona para cohesionar al soldado sandinista, porque ante todo, el partidario del Frente Sandinista es militante, está sujeto a la cadena de mando y su participación está sometida a la misma doctrina que tiene toda milicia: la disciplina castrense, la obediencia al comando es premiada con ascensos y prevendas, mientras la desobediencia es penada con la exclusión o expulsión.

Con el triunfo del 2006 se plantea un nuevo problema en el FSLN, porque además del sistema de premios y penas, la estructura militar del partido carece de una ideología que la legitime, la conquista del poder era hasta entonces la motivación del militante, porque todo ejército asume que el objetivo es la victoria sobre el enemigo, de ahí los slogans electorales van dentro de la misma simbología castrense: “Nicaragua, triunfa”, “Vamos por más victorias”, Nicaragua triunfará”. Las elecciones son las nuevas guerras y las campañas electorales se establecen como nuevos combates, por eso, es necesario una victoria total, porque en toda conquista, no existe ganador hasta que todo está ganado.

El sistema de disciplina militar encaja hasta la reconquista del poder y control estatal, incluso a pesar de los simulacros de democratización con las ya desaparecidas consultas populares, pero también dentro del discurso del comandante Ortega, en los que se plantean políticas claras y sociales en materia económica y  abiertas en las relaciones internacionales, pero que se radicalizan cuando asume la presidencia.

De ahí la urgencia de encontrar una ideología que pueda legitimar una realidad hasta entonces necesaria, la milicia en el poder necesita darle al Estado-Partido un ideario que se acomode a ese sistema estricto de participación, pero que oculte el carácter antisocial y la acumulación capitalista poco transparente de personas y grupos específicos ligados al proyecto personal Ortega-Murillo y a la urgencia de afianzarse en el poder sin necesidad de recurrir al modelo democrático, porque dentro de ese modelo está indiscutiblemente incluida la pérdida del poder.

En este caso, una milicia con una doctrina militar, no necesita ideología, sino, un sustituto, una doctrina religiosa que se sigue por fe, como un mandato divino indiscutible, una especie de predestinación mística y llamado celestial, con la mística seudoizquierdista, es posible crear una secta sandinista. No es un discurso legítimo basado en una teoría social, porque requeriría una amplia discusión sobre la socialdemocracia, sino, una expresión mesiánica. Ante todo esta evangelización a la estructura militar del FSLN permite la participación de Rosario Murillo, porque la conducta machista y misógena de las armadas es casi parte de su naturaleza, pese a la formación guerrillera de muchas mujeres, la historia de la revolución revela que poco poder tendría una esposa de miliciano en la toma de decisiones y la participación en el poder de mando. El reacondiciamiento del discurso popular-populista del sandinismo orteguista al modelo sectario, es la estrategia simbólica y discursiva para acomodar a una mujer dentro de esta plataforma organizacional marcada por la guerra.

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