El Frente Sandinista: Iglesia, empresa y guerrilla sin ideología II

Qué religión profesa el sandinismo? Una sincrética que combina no sólo elementos religiosos, también marketing y teoría política. Las escenificaciones públicas de Rosario Murillo criticadas como excentricidades, son formas discursivas dramatizadas que mezclan religión con políticas públicas, las identidades culturales y en este caso, la identidad política del sandinismo, se desarrolla no por medio de criterios objetivos y programáticos, sino, por medio de la puesta en escena y la actuación representativa de sus integrantes como grupo homogéneo, si se dan cuenta, se visten igual, hablan parecido y actúan sin cuestionar. Esto revela además la dependencia de un gran sector popular al adoctrinamiento místico. La doctrina murillista está inspirada en el enorme impacto y éxito de los movimientos evangélicos en América Latina y la dependencia mediática de una sociedad que entró a la postmodernidad por la puerta de atrás como todos los países pobres, por otra parte, el modelo doctrinal reformula el viejo caudillismo con el mesianismo de los predicadores modernos, incluyendo el católico, más ahora con la figura del Papa Francisco

FSLN: Secta con D(i)OS y un Rosario

Ortega y Murillo con evangelista Avila

Saludo al Cardenal Obando

Un mensaje en el lenguaje religioso es una apelación directa de Dios a través de su enviado en esta tierra, un profeta, un sacerdote o un ministro. Se trata de un discurso indiscutible que revela lo mismo que cualquier añoranza humana pueda expresar: paz, amor, bienestar. A estas promesas se agregan los dogmas, la lista de leyes casi siempre humanas, pocas veces divinas, constituyen los mecanismos de los conversos para acceder a esos beneficios “espirituales”, estos se vinculan a la disciplina, es decir, la obediencia, particularmente aquella hacia los enviados o la institución elegida para representar a Dios, con lo cual el mandato metafísico y sobrenatural se vuelve manipulación.

No es que los enviados no tengan autoridad moral, en realidad, su aura santa es indispensable para legitimar a las instituciones religiosas o seudoreligiosas, aunque la moralidad en términos doctrinales siempre es relativa y condicionada a las reglas que se imponen, al final lo importante no es es el líder, sino, que el líder distraiga de las estructuras verticales a la cual pertenece y si es posible de los conflictos internos.

Si bien, la mayoría que siguen las religiones lo hacen por motivos de conciencia, están condicionado por la cultura y su medio. En un país de pobres, la esperanza que otorgan las promesas mesiánicas son importantes para estabilizar una sociedad que de otra manera caería en la violencia por motivos de clase social, diferencias políticas y incluso las mismas religiosas. Desde los centros comerciales que dopan a los trabajadores asalariados y desempleados con su fantasía de inclusión y seguridad, hasta las iglesias que sustituyen en muchos barrios y comunidades al Estado con programas que en algunos casos incluyen escuelas, medicina y cultura, las doctrinas mesiánicas ya sean de libre mercado y consumismo como de partidos caudillistas han creado en Nicaragua a punta de promesas un estado de infatuación general. La gente común critica, pero no actúa, los sectores populares están cansados de promesas, pero se adhieren a las espectativas más creíbles, a pesar de la pobreza moral y discursiva de sus líderes religiosos, políticos, culturales, sociales y empresariales.

Esto se debe a que más allá de la necesidad espiritual del individuo, están las formas propias de subyugación y reproducción del poder. La religión católica como brazo ideológico de la conquista y colonización, legitima las estructuras de poder y reproduce los discursos de dominación. El pueblo de Nicaragua no logra emanciparse de su estado de dominación y depende del caudillo y la élite tradicional, el obispo o pastor, no por falta de voluntad crítica, sino, porque reproduce inconcientemente la física del poder con que se ha actuado en la historia, estos procesos se adhieren a la formación política y se interpretan como si fuera algo natural, es un sistema heredado y se construye de forma simbólica, el sujeto ha sido educado para someterse y no tiene las herramientas para rebelarse, ha sido educado para ser militante y no ciudadano.

Las declaraciones públicas de Murillo se convierten en sermones en catedráles públicas al mejor estilo del movimiento pentecostal y las apariciones papales. Lo masivo tiene un efecto socializador, como una espiral de conformidad y miedo a la diferencia, a no estar integrado en el todo, porque las personas son sujetos sociales y no quieren verse aislados, a la oposición les sirve de intimidación y desmoralizador saber que no pueden convocar y constituyen probablemente una minoría.

Por otro lado, decía un predicador evangélico que entre el grupo masivo que asiste a las iglesias, hay unos pocos que creen y llegan porque están convencidos, pero la mayoría está por el espectáculo que les presentan. El montaje público revela simpatía y aisla a los que no participan, aparte tienen un efecto mediático inmediato. El control por lo que se dice, ve y escucha llega a ser en las sociedades modernas tan importante como el espacio público, en la actualidad dominado por la televisión y en Nicaragua aún influenciado por la radio.

 

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