Aporofobia y desencanto urbano

Los que conocen Managua, saben qué asociaciones vienen de Las Colinas. Un barrio de mansiones exhuberantes creada para estar lejos del caos de la ciudad y posiblemente también de su realidad, no está cercada como los nuevos islotes urbanos, es por eso más notable el choque visual en un país de champas y caseríos pobres.

Recuerdo a un profesor en Berlín cuando contaba que las mujeres de barrios altos se quejaban del mal gusto de las villas en Santiago y él siempre les contestabas que era peor el gusto de aquellos que construían lujosas mansiones junto a esa pobre gente.

Las protestas por el traslado del consulado de Costa Rica del Barrio Serrano a Las Colinas, sólo demuestra nuestro estado moral y digo “nuestro” porque no sólo es la clase alta la que responde con un profundo desprecio por los pobres y las autoridades ticas por los migrantes.

Primero, las autoridades con su implacable doctrina hacia los pobres migrantes. Sin importar la falta de acceso del transporte público a las mansiones de Las Colinas, empujarán a los usuarios a gastar más en transporte selectivo. La intensión es dar un mejor servicio, pero no es por eso que les cobran 40 dólares por visa y cinco más por peaje de fronteras?

Segundo, los vecinos de Las Colinas no actúan en contra de los diplomáticos ticos, sino, en contra de su misma gente, sabiendo que la economía de sobrevivencia y los migrantes estarán a sus puertas, aseguran que esa calle no es pública, sino, ellos son probablemente sus duenos.

Un poco de cultura popular es buena en los libros y comerciales de cerveza, pero a la hora de demostrar solidaridad, prefieren las trancas a dar la mano. Qué no saben dónde viven? Si no te gusta vivir con pobres, intenta entonces irte a Noruega. Y si hay que acabar con la pobreza, en lugar de esconder a los pobres, dejemos que intenten al menos por su cuenta salir a la rebuzca. Si no picha ni cacha, al menos, deje batear, pero muchos coquetean con pensamientos fascistas quienes por acabar con la vagancia, mataron a los “vagos”.

Tercero,  las reacciones a favor de los ricos y las simpatías por los vecinos de Las Colinas acaparan el interés, pero pocos hablan de la gente que sostiene con sus divisas la economía real de las familias nicaragüenses. Muy bien, los ricos también lloran. Y los pobres no lloran entonces, alguien les preguntó qué piensan? Eso parece no importarle a nadie, de los sin voz es fácil olvidarse.

Aquí les va esta palabrita, apréndanla y reflexionen, no vaya a ser que se ponga de moda: Aporofobia.

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