Dilemas de la Ley 779

Las complicaciones de Ley Integral Contra la Violencia hacia la Mujer, mejor conocida como Ley 779, va más allá de la mediación en caso de violencia física, sicológica o patrimonial. La ley en sí provoca un complejo nudo en materia de derechos humanos, vacíos, contradicciones y complicaciones basadas en un discurso limitado de género, la falta de una política integral de Estado y una educación pública basada en la autoridad por encima del diálogo, por otra parte existe la violencia estructural, un déficit formativo, relaciones de poder y violencia histórica, así como herencias culturales específicas que nos dejan a todos mal parados a la hora de encontrar culpables. El sistema legal nicaragüense ya contaba con numerosas vías para proteger, fomentar y prevenir la violencia y discriminación de género: Constitución Política de Nicaragua (1987), Ley 150 o Ley de Reformas y Adiciones al Código Penal (1992), Ley 230 o Ley de Reformas y Adiciones al Código Penal (1994); Ley 212, creadora de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (1996), Ley 287, Código de la Niñez y la Adolescencia (1998), Ley No. 351 sobre la Organización del Consejo Nacional de Atención y Protección Integral a la Niñez y la Adolescencia y la Defensoría de las Niñas, Niños y Adolescentes (2000), Ley 392 de Promoción y Desarrollo Integral de la Juventud (2001), el Código Procesal Penal (2001), Ley 423 o Ley General de Salud (2002) y su Reglamento, sobre todo el Art. 211 del Reglamento, Ley 228 sobre la Policía Nacional, que brindó asidero para la institucionalización de la Comisaría de la Mujer y la Niñez, Ley de Paternidad y Maternidad Responsable (2007) o Ley 648, Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades (2008); y el Código Penal (2008). Ninguna de dicha leyes ha reducido los índices de violencia hasta el momento, irónico que la misma 779 lo reconoce, sin embargo, esta ley se diferencia porque en lugar de continuar el problema en el área de “salud pública” recurre a la cohersión jurídica con suspenciones de libertad hasta por 30 años. La ley que ha generado mucha simpatía en los medios, elimina en la práctica el principio de inocencia en estos casos específicos, solo la acusación pone a funcionar un aparataje legal de pocas alternativas, deja pocas herramientas al acusado para probar lo contrario, en lenguaje nica, se habla que pueden pagar justos con pecadores, por otra parte, esta ley ha acelerado la confiabilidad de mujeres agredidas en el sistema y en el Estado a la hora de poner sus denuncias. En la discusión mediática aparece el feminicidio como elemento sobresaliente, delito que traspasa a lo público porque la violencia doméstica es un mal silencioso que pocas veces sale a luz, sin embargo, la discrecionalidad del juez para establecer prisión hasta por treinta años, equipara la violencia con el asesinato. Encerrar al sujeto violento por miedo a una muerte, es pensar que se puede encerrar a una adolecente en casa por miedo a un embarazo, lamentablemente no es conforme a derecho procesar por un delito que no se ha cometido, por ley solo se puede hablar de restricciones por seguridad. El término feminicidio es en todo caso correcto, matar a una mujer puede considerarse un agravante penal, las relaciones desiguales entre hombres y mujeres desde la era de las cavernas hacen que los hombres estén en posición de poder agresivo y exagerado, los crímenes contra las mujeres en sus hogares pueden considerarse asesinatos con alevosía, si la violencia es común otros agravantes dispuestos en la ley son la reincidencia, el abuso de confianza, el ensañamiento o la misma desprotección física. En este sentido, el feminicidio como crimen perpetuado exclusivamente a las mujeres es un término acertado, como lo es también el infanticidio perpetrado contra niños y niñas. Aunque el marco legal actual establece medidas penales contra todo delito de lesiones, homicidio y asesinato, las mujeres adultas requieren una protección especial por las relaciones de género desiguales, aunque leyes diferenciadas entre hombres y mujeres contradicen el espíritu de imparcialidad del sistema judicial y sobre todo el deseo de una política de trato igualitario, sin privilegios para una u otra parte. Más allá de estos paradigmas, está la posibilidad que una mujer asesine a un marido violento y obtenga una pena menor, su condición previa de víctima sería un atenuante. Por lo general, para estimar la gravedad de la violencia de género, se habla del incremento en los feminicidios, cifras que en la realidad son contradictorias porque no se han tipificado por ninguna autoridad, en el 2009 hubo 78 muertes, mientras en el 2012 bajó la cifra a 61. Ha aumentado en realidad la percepción y la conciencia pública sobre los feminicidios, pero las enormes campañas mediáticas y publicitarias de las organizaciones no gubernamentales dan un sesgo muy ideológico a la percepción de la violencia. Con esto no trato de menospreciar los esfuerzos por visibilizar un problema, la realidad es que en la relación entre hombres y mujeres hay poder desigual, pero al final de cuenta la ley puede castigar a todo hombre por haber nacido hombre y tener por razones culturales una ventaja genital, también existe una confusión de los términos feminicidio, violencia intrafamiliar y delitos sexuales. Muchas veces el discurso mediático de las mismas organizaciones hace una sopa en la manera de tratar estos problemas que están relacionados, pero son distintos. La violencia intrafamiliar es un delito que a pesar de su carácter privado es un problema de “salud pública” porque vincula el deseo comunitario por mantener la privacidad en los hogares con una situación de índole penal, por otra parte, la violencia en casa se diferencia de un asalto callejero porque ocurre precisamente en el ámbito personal y entre sujetos de confianza íntima, en este caso el Estado está facultado a intervenir en un espacio al que por regla debería estar totalmente proscrito. Sin embargo, el problema de la violencia intrafamiliar no es exclusivo de las mujeres adultas, es un hecho que afecta principalmente a niños, niñas y adolescentes, donde hombres y mujeres cometen maltratos físicos casi por igual, tal como revela un diagnóstico de las Naciones Unidas. La Ley 779 no castigaba antes de las reformas a mujeres que maltratan a menores de edad, ni aquellas que encubren delitos sexuales dentro del hogar, pero otras leyes sí lo hacían. El lobby feminista ha desviado a un segundo plano a los menores de las políticas de protección y prevención a la violencia intrafamiliar a tal punto que no existen datos sobre la violencia contra menores de edad dentro de los hogares, sí existen datos de la Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud 2006-2007 donde revelan que el ocho por ciento de las mujeres participantes en el estudio admitía haber sufrido en el último año al menos una agresión corporal dentro de su familia. Esto indica lo difícil que es crear una legislación represiva contra la violencia doméstica en un sistema que se logra reproducir incluso entre las mismas víctimas, muchas mujeres se convierten en ejecutoras de formas y normas machistas producidas por las relaciones históricas de dominación, también las madres castigan a sus hijas e hijos y mantienen así el círculo de violencia intacto. La discusión del feminicidio baja también al nivel estadístico, debería estar vinculado a la muerte de una mujer por parte de un familiar masculino (padre, tío, hermano), su pareja o ex pareja o en caso de misoginia, pero los delitos de asesinato por odio contra la mujer según la ley es toda muerte de mujer a manos de un hombre. Sin embargo, hay otra forma de feminicidio como es el aborto exclusivo de embriones de mujeres que no está contemplada en la ley. Por eso hay incongruencias de datos, la Policía Nacional no registra el feminicidio porque es difícil diferenciar un asesinato por violencia callejera de una muerte por misoginia cuando ocurre fuera del vínculo personal, la Comisaría de la Mujer registra 95 casos en el periodo 2004-Julio 2008, los datos de la Procuraduría de Derechos Humanos del 2001-2004 son de 325, en cambio las organizaciones hablan de 236 feminicidios en el periodo 2000-2006. Tampoco es cierto que una ley tenga efecto inmediato en la reducción de las muertes de mujeres, en un contexto general las cifras dependen de la evolución general del delito, en los últimos 22 años la tasa de homicidios/feminicidios se ha mantenido fluctuando entre los 9.4 y 16 muertes por cada 100 mil habitantes, donde las mujeres son apenas el 10 por ciento de las víctimas, aunque sólo cometen el cinco por ciento de dichos crímenes. El problema cotidiano de las mujeres en Nicaragua son los delitos sexuales, sobre todo contra adolescentes y niñas, en este punto, existe realmente un gran permisividad social e invisibilización en casi todos los niveles, se trata de un delito “no tan grave” como lo es el asesinato, pero una de cada diez mujeres encuestadas en el censo del 2006-2007 asegura haber sido abusada sexualmente alguna vez, casi la mitad de ellas por familiares. Sin embargo, en las denuncias ante la policía existe un subregistro, en casos de violación los principales acusados son novios (32 por ciento). Crear leyes no va a generar más garantías a las mujeres ni mejorar sus condiciones de vida, en la discusión por la mediación se perdieron otros aspectos fundamentales que la ley contempla y no se han enfatizado, por ejemplo, formar una política pública integral en materia de derechos de la mujer, pero mientras no haya interés en esto es solo una carta de buenas intensiones, carecemos hasta ahora de un compromiso social por mejorar las condiciones de la mujer, la cultura de una sociedad entera centrada en privilegios patriarcales, deberíamos partir de la necesidad de un cambio de mentalidad, una revolución cultural que nos encamine a nuevas relaciones de géneros, revalorar nuestra identidad colectiva, generar otras formas de entendernos como hombres y mujeres, crear responsabilidades y compartir derechos, el mejor lugar es el hogar, pero como no hay políticas a la familia, debería comenzar en la escuela y no como se pretende desde espacios públicos autoritarios, donde es más difícil cambiar las cosas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s