Lecciones postcoloniales de El País-España

En las redes de internet me postean demasiados artículos de El País y por eso quiero aclarar algunas cosas para mejorar nuestra comunicación virtual: Una de las manifestaciones perversas del poder (sobre esto sabrán más Michel Foucault y Pierre Bourdieu) es que pretende narrar al otro y en ese relato de nosotros mismos contado por aquellos que nos dominan, muchos terminamos repitiendo sumisamente no sólo los discursos, sino también asumimos los roles que nos designan.

El énfasis de la edición digital de El País sobre las elecciones del domingo en El Salvador no fue la consolidación democrática e institucional, a mí me gustaría tener un sistema electoral como nuestros vecinos que voto a voto recontaron laboriosamente. El diario peninsular usó a un periodista local reconocido para mantener la tesis habitual, Carlos Dada (fundador de El Faro) mantiene una idea del país centroamericano centrada en la violencia, aún varias décadas después de la guerra civil. Y sí, hay violencia, mucha violencia, ¿pero son acaso todos los salvadorenos pandilleros?

El margen de la victoria del FMLN mantiene la idea de un país en crisis, dividido en dos y anuncia que el futuro mandatario es un presidente a medias, sugiere una legitimidad parcial. ¿Entonces el pulgarcito está en crisis porque para ganar una elección se necesitan 60 por ciento de los votos? ¿Si Fidel Castro ganaba con 99 por ciento es evidencia de cultura democrática y consenso nacional en Cuba? Si la mitad más uno no es democracia, por qué gobierna el PP con 44 por ciento o el CDU alemán con 41.5. En todo caso, también existe un parlamento, donde se legisla y comparte el poder entre estos polos extremos.

Sin embargo, el punto es este malestar no es El Salvador, sino, el hecho que continuamente me provocan los temas latinoamericanos de El País. Sospecho cuando se trata de un medio europeo tratando de traducir lo que es un continente, pero esta náusea con El País inicia en el 2009 a propósito del inicio de las conmemoriaciones del bicentenario de las independencias americanas, momento de triste revisionismo que incluía la invitación de “expertos” a Madrid para explicar con palabras más sutiles* que estabamos mejor de esclavos, sometidos y súbditos de la monarquía española porque nuestra desigualdad social se dispara cuando empezamos a ser independientes, pero sobre todo, con nuestras revoluciones. Ajá.

Algunos legados coloniales como los tan actuales tratados de libre comercio con sus tormentosas imposiciones agroexportadoras, el proteccionismo megaindustrial, el acceso desigual a los mercados globales, la apropiación violenta de recursos naturales y que casi siempre están asociadas con prácticas militares en puntos geoestratégicos vitales, prevalecen hasta hoy y no son punto de crítica para estos “análisis”, por el contrario, para determinar las razones de estas tragediasse se habla del populismo, la corrupción y la falta de educación del latinoamericano, así se describe a Colombia con ejemplos de buenas prácticas o la nación más eficiente con toda su coca, paramilitares y reeleccionismo porque le deja todo el negocio a las transnacionales, mientras que Venezuela es la antítesis democrática, más allá de lo ideológico, una perla que se pasa a toda regla de buen gusto o humanismo, la presenta Miguel Angel Bastenier, quien califica y compara esfuerzos sociales o políticos regionales como la visibilización del indio o afrodescendiente en América Latina como una especie de apartheid, resulta que este columnista critica al oprimido por pretender emanciparse y al menos poder nombrarse a sí mismo para ocupar los espacios públicos negados por aquellos que como él nunca han tenido necesidad de llamarse blancos o hispanos.

Se recrean ideas tan medievales como “nación cultural única” agregados al relato tradicional de la independencia que continúa excluyendo a los indígenas, campesinos y mujeres. Aquí aparecen además conceptos de racismo cultural enfrascado en viejos discursos de las oligarquías herederas de la colonia y en creciente y peligroso pensamiento ultraconservador europeo que se pone de moda gracias a las invitaciones académicas, los periodistas a sueldo y organizaciones no gubernamentales patrocinadoras de las doctrinas de moda del desarrollismo.

Con ironía escribe Daniel Plotkyn las premisas de esta “visión” latinoamericanista del diario peninsular que son más bien condiciones de escritura. Sin negar, que muchas caricaturas expuestas existen, se describen superficialmente, pero sobre todo, carecen de profundidad y perspectiva para una región extremadamente compleja, plural y fluctuante. Con esto no niego el derecho de ejercer crítica, pero sería mejor en plataformas donde tengan una utilidad de cambio, las transformaciones sociales a favor de los intereses de nuestra región, no de los intereses de la Unión Europea, sólo son realizables en espacios donde nosotros tengamos el control de la palabra y las acciones.

El motivo de tanto exotismo, reduccionismo y discriminación, es explicarnos que somos inútiles, violentos e incivilizados por nuestra cuenta, necesitamos por tanto la asesoría de los magos de oriente, ellos saben como hacer de nuestros recursos riqueza y como integrarnos al sistema, es decir, su sistema, pero ese cuento, ya lo conocemos, sin embargo, habrá alguno que quiera seguir entregando su oro por cuentas o cuentos de vidrio.

*La versión de EFE en El Nuevo Diario, ilustra el texto que lamentablemente no pude localizar en los archivos de El País.

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