Libertad de expresión, ética y difamación

Apuntes a debatir después de un crimen atroz.

“El papel lo aguanta todo”, pero no todo lo escrito es verdad. Aquí algunos apuntes sobre convivencia para aquellos gurús de la libertad de expresión repletos de emociones acaloradas y dispuestos a repetir pasiones enviciadas en un momento que parece permitido hablar de todo en nombre de una arrogancia vacía que no corresponde a la profesión.

Libertad es una hermosa palabra, pero hay múltiples libertades y maneras de ser libres. La libertad absoluta es imposible, tal vez en algún momento antes de la historia, cuando nuestros antepasados andaban cazando jabalíes, esa libertad natural e individual sería válida, pero es imposible en una civilización, ni siquiera en una democracia la libertad otorgada a los ciudadanos de un Estado es perfecta, nuestra libertad está normada, tiene un orden dictado por las leyes de convivencia que hacen posible la paz en una sociedad, hay que leer bien a los franceses. Libertad natural es el caos, la anarquía y la ausencia de gobierno.

La libertad no es el valor más alto de una sociedad, sino, la vida, incluyendo el derecho a vivir en paz. Sin embargo, aquí en esta lamentable realidad en que podemos comernos un filete, hay quienes matan en nombre de Alá o Mao, otros hacen lo mismo en nombre de la democracia, los derechos humanos y por supuesto, sin pretender ser irónico, de la libertad de expresión. Ante la inmoralidad de la violencia y la guerra, se inventan códigos morales.

Un paréntesis: Occidente no es el principal amenazado por el terrorismo fundamentalista islámico, por el contrario, son los gobiernos del mundo musulmán los principales afectados, donde operan Talibanes, Al Qaida, Boko Haram y el Estado Islámico, por cierto, estas dos últimas agrupaciones de forma directa e indirecta deben sus pertrechos a las cointervenciones francesas en Libia y Siria, las dos primeras deben su creación a la inteligencia de Estados Unidos (Operación Ciclón). Como dicen: “cría cuervos y te sacarán los ojos”. El Índice Global de Terrorismo indica que solo en el 2013 ocurrieron casi 10 mil ataques en el mundo, un cuarto de ellos en Irak, donde murieron 6 mil 362 personas. En el 2014 murieron 19 periodistas en Siria, 12 en Pakistán y 10 en Irak. Nadie salió a manifestarse por ellos.

Vivir en libertad sin apellidos, lleva implícita otras formas como la libertad de culto, libertad de movilización, libertad de conciencia y opinión, libertad de prensa (que es distinta a la “de expresión”). Y todas ellas están limitadas por el respeto al otro, tampoco en nombre de la libertar religiosa se puede acosar a comunidades específicas que disienten de la doctrina. La libertad de expresión no es una prerrogativa exclusiva de los medios, sino, de todos los ciudadanos.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos explica que bajo la libertad de expresión también hay responsabilidades, no se puede dañar la reputación o faltar al respeto, así no debe atentarse contra la seguridad y el orden público. En Europa el tema es más complejo, debido al acoso o “hetzen” sufrido por las comunidades religiosas en el apogeo del facismo (que no es un fenómeno meramente alemán como muchos creen, sino, parte del creciente nacionalismo y antisemitismo en todo el viejo continente desde la Ilustración) existen leyes de protección, así en Alemania por ejemplo, hay disposiciones legales especiales contra el acoso a comunidades étnicas y religiosas que abarcan penas de hasta con cinco años de cárcel, eso permite que movimientos antiinmigrantes no se pasen de la raya, pero aún así se manifiestan con su discurso agresivo contra las minorías. En esto de una sociedad democrática es imposible descartar el uso de las libertades por aquellos que no les gusta que todos sean igualmente libres, existe un derecho a ser idiota, es permitido pensar como racista.

Esto de la xenofobia tampoco es un don exclusivo de la derecha, la izquierda puede ser igual de nociva con un tipo de racismo “positivo”. Tampoco es necesario publicar todos los días notas del “problema” de los migrantes o musulmanes, o artículos paternalistas que “expliquen” el terrorismo. La propaganda nazi tampoco publicaba todos los días caricaturas antisemitas, pero cuando lo hacía era suficiente para cumplir su objetivo de “motivar el odio” y desprestigiar a aquellos enemigos políticos. Extraño que pocos consideren el peligro de muchas escenificaciones de los musulmanes en Europa actual, para mí hay un paralelismo con la mediatización de los judíos en el siglo pasado. Muchos incluso consideran una crítica honesta y necesaria la referencia a los fundamentalismos religiosos exclusivamente en el mundo islámico, amparados en el derecho a informar, el problema es el foco centrado en dicha comunidad, las descontextualizaciones, omisiones y predicaciones morales destinadas a recalcar un carácter fictivo en la cultura de “oriente”. En este caso, todo no cristiano queda bajo sospecha de terrorismo, mientras el derecho a la privacidad queda abolido, el Estado puede vigilarte como lo hacía la Stasi con sus propios ciudadanos. Y nadie protesta por eso o el fin de la presunción de inocencia. En la actualidad del mundo industrial, todos son sospechosos hasta que estalle una bomba.

No se puede culpar a nadie de falta de sensibilidad cultural o incapacidad intercultural, son cosas que se aprenden y seguro aquellos xenófobos necesitan sentido común para reconocer que no todo el mundo piensa igual o vive igual, o que los seres humanos a diferencia de los árboles, no tienen raíces que le impiden viajar. El mundo es redondo, es cierto, pero cada cabeza es un mundo. Algunos exigen a los musulmanes que no se irriten por su Mahoma, ya que los católicos no lo hacen cuando sacan a Cristo o el Papa. Caramba, todo el mundo debería pensar igual, tener un chip laico, ¿así sería más fácil no? ¿Y si ellos no quieren, que vamos a hacer, obligarlos?

No hay una inyección para dejar de creer. Tal vez si nos burlamos más de aquellas cosas que ellos aman y respetan los convirtamos en mejores hombres y mujeres, todo el mundo debería pensar como los franceses seculares o los conservadores estadounidenses o los flemáticos latinos. ¿Esa es la receta entonces? No me parece esa tónica muy diferente a la de los talibanes, pero así es el cinismo y la contradicción humana.

Por otra parte, la prioridad del periodismo debería ser mediar entre el ciudadano y el poder, siendo especialmente crítico con el poder, no acabar de joder al sujeto de a pié. Eso es cobarde. Y luego está el argumento de la autocensura, “un riesgo del periodismo”. ¡Por favor! La autocensura es un acto cotidiano, ¿qué podemos hacer en tres minutos tiempo aire o es posible explicar todo en una cuartilla? Desde el momento que escogemos un tema o redactamos una nota, eliminamos nombres, temas, ideas y situaciones por falta de espacio. La selección y edición de lo publicable es un acto de censura por sí mismo. Censuramos a diario a miles de personas que no están en un puesto público o tienen la gerencia de una empresa, a los pobres los dejamos como decoraciones pues no se consideran “relevantes” o “noticiosos”, tal vez si se mata o es apuñaleado, pero de otra forma no. ¿Y la empresa privada no censura poniendo y quitando publicidad o no se autocensuran los gerentes de medios para no perder una pauta?

Ante todo me parece que los periodistas se han vuelto muy arrogantes apropiándose de un derecho que no les corresponde, que pertenece a todos. Tener libertad de expresión no significa tener derecho a decir lo que se me de la regalada gana. Un redactor, locutor y reportero tienen un poder que no tiene la gran mayoría de personas, aprovecharse de ese privilegio es abuso.

Tampoco la censura no es el método para corregir los abusos de sectores y medios de comunicación a su derecho de imprenta y expresión, la idea es que sea la ética quien corrija el comportamiento de los medios para que no acosen a grupos específicos, sin embargo, la mayoría de periodistas se quedan con la ética a medias, consideran que tienen obligación solo a la verdad, la independencia y la imparcialidad porque les conviene y no los somete al escrutinio público, motivos mencionados a gritos en las últimas semanas, el problema es que hay otros dos pilares más del periodismo profesional: humanidad y responsabilidad.

Muchos creen que son permisibles caricaturas, artículos o fotografías denigrantes a un sector marginado de la sociedad como los migrantes, pero están confundidos, esto no forma parte del derecho legítimo de expresión, nadie tiene derecho a denigrar, eso es violencia verbal, no digamos violencia simbólica. El derecho a la blasfemia o a irrespetar tampoco existen, eso contradice el espíritu de la Carta Universal de Derechos Humanos, precisamente redactada pocos años después de la Shoa en Europa, las libertades públicas son reconocidas como esenciales para “promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones”.

Por eso yo prefiero recordar la frase de este famoso señor mexicano: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Digamos que si nos tocara defender todo panfleto o programa en nombre de la libertad de expresión, tendremos que salir a la calle a apoyar la propaganda sexista, la continuidad de las mujeres en delantal vendiendo lavadoras, el racismo televisivo y del cine con sus modelos rubios y sus negros delincuentes, también a los noticieros de amputados, decapitados, asesinados y accidentados que tanta vocación libertaria deben darle al panorama mediático. ¡La información reducida a mercancía, ah! Y las personas también. Como comentaba hace algunos días en twitter: todos podemos hablar de libertad, como nuestro querido Voltaire, el mismo que no le importaba ganar dinero en la Compañía de Indias que tenía el monopolio  del tráfico de esclavos en el Nuevo Mundo.

Solo intenten recordar el lema completo de la revolución francesa, porque eso fue, una revolución, bastante violenta por cierto: Libertad, IGUALDAD, FRATERNIDAD. Sería bueno no dejar de poner juntas a las tres.

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