Hace 25 años llegó la paz

BarricadaUn día como hoy mis padres salieron de mañana a votar, fueron a una escuela de la colonia donde vivíamos en Managua, era el 25 de febrero de 1990. Mis cuatro hermanos estaban fuera, solo quedamos los dos menores, pero en la lista de la guerra seguía yo, tenía 14 años y empezaba a pensar en la milicia, la contra o el exilio. No son decisiones que debería tomar un adolescente, pero ese fue mi tiempo.

Mi familia por fortuna, no pedió a nadie en la guerra, ni siquiera los parientes cercanos. De ahí toda la historia personal tiene las rupturas, migraciones, incertidumbres y la convivencia con la posibilidad de morir entre balas o bombas que todo nicaragüense que se crió antes de 1990 conoce, unos más intensamente que otros.

Recuerdo los comentarios que salen cada de vez en cuando. Hoy le pregunté a mi madre por ese día, ya senil no tiene buena memoria, pero recuerda el gran silencio en la fila para votar. El silencio es el acto más común de nuestra historia, un silencio que no solo está en los libros y los discursos. Mi hermano que fue reclutado y vivió la guerra en Jinotega, pocas cosas nos dice, una vez regresamos a Apanás y le pregunté por el campo donde lo visitamos en 1986, su hija sorprendida no sabía que había cumplido el servicio militar. Apenas un diario escrito en un cuaderno nos reveló un poco su drama. Creo que ya no existe.

Otros sí conocen lo que es perder a alguien, ese dolor no lo entiendo, pero solo imaginarlo me produce escalofríos. De ahí todo es explicable, la locura, la insensatez, la ira, el rencor.

Debo admitir el heroísmo del FSLN, entregando el poder a sus enemigos, bajando las armas y prometiendo lealtad. El heroísmo de la contra regresando desarmada a la comunidades que habían combatido. Por eso, el mérito más grande es del pueblo, ese que construyó la historia.de una posibilidad desconocida.

Mis padres no votaron por la UNO, ni Violeta Barrrios, creo que tampoco contra el FSLN. Votaron por sus hijos, para verlos de nuevo, votaron por mí para no tener que despedirme contra mi voluntad en un campo militar o una frontera. Mi padre que en paz descanse, votó también sin saberlo por sus nietos, todos ellos nacidos después de la guerra, la primera generación de nicaragüenses que conocen esta tristeza solo por los libros, la primer generación que nació y creció en paz. Nosotros, todos los demás, no sabíamos que era posible, estábamos acostumbrados a matarnos, lo normal era la guerra y nunca supusimos que nuestra vida podía ser completamente distinta. Paz es una hermosa palabra, pero mucho más hermoso es vivir con ella.

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