Buscando un centro: Camoapa

Hay cercanías que te sorprenden. Sorprenden porque nunca has estado ahí y apenas son 120 kilómetros, porque no conocés a nadie para tener una excusa de viaje, porque solo es un lugar con nombre en el mapa, porque la distancia es corta y la información es poca, porque el pasaje es caro, porque encontrás al introducirte en esos cruces de carretera otra cultura, acentos y revelaciones de un país fragmentado.

Camoapa es casi como una isla en tierra firme, aparentemente desconectada.

Sin rótulos de carretera, ni vallas publicitarias, las conexiones a Boaco y al empalme San Francisco en la ruta Managua-Juigalpa parecen paisajes de otro país, es decir, el pavimento está en buen estado, pero todo está impecable, limpio, incluso los potreros, las fincas y haciendas.

Es un pueblito próspero donde el invierno detiene el tiempo. Los finqueros no bajan de sus tierras porque los ríos crecen y todos se quejan por el enfriamiento de la economía aunque sin lluvia no hay pastos, ni frijoles, ni maíz, ni ventas. Es el verano la época de vacas gordas, en todo el sentido de la palabra.

El censo del 2005 informa que viven unas 14 mil personas en el casco urbano y 21 mil en las comarcas. Por eso, la vida de Camoapa está conectada más con los caminos rurales que con la carretera. Toda la economía depende de las tareas agropecuarias, por tanto lo cotidiano se vincula a las idas y venidas a la montaña donde aún habitan leoncillos, tigrillos y venados.

Así van los maestros en motos o pidiendo un aventón a los camiones distribuidores de pollo, leche o agua, las campesinas sin tierra y analfabetas al planchado y lavado de las amas de casa de los finqueros, pocos policías, pero sí soldados del ejército con sus fusiles AK-47 custodiando las cooperativas o los camiones blindados. Extremadamente católico, Camoapa tiene también su propia comunidad gay.

Los comercios abren siete días a la semana, pero a las nueve de la noche están casi todos dormidos o al menos en sus casas.

Dos radios y tres canales de televisión local desconectan aún más al pueblo del resto del mundo, pero la voz del vecino, padre, primo, hermano o sobrino, es siempre la información más efectiva, sobre todo ese grito tan esperado después de varios días en ascuas: “¡ya vino el agua, apurate a llenar los barriles!”.

También está volver a la letrina y el cosquilleo de las moscas en el trasero, comprar agua potable y almacenarla como vino tinto, cocinar con leña, la tortilla recién palmeada, el queso ahumado, los frijoles en bala, las caminatas sin ascensor por las calles hechas sobre antiguos cerros.

Uno también se va sumergiendo en las historias de la gente, algunos sin pena te cuentan sus angustias. Buscar un buen patrón para tu sobrina, uno que no te maltrate. Buscar otro marido, quizá el tercero o uno que no esté casado conb otra. La prima que murió de cáncer a los 24 años. La pastilla para el dolor que cuesta tanto. El borracho, el enfermo, el abusador, el preso, el abandonado. Es en ese momento que uno recuerda que la vida del campo no es solo ese retrato pintoresco que hemos imaginado o percibimos al inicio.

Sin embargo, la vida en los pueblos del centro revela la concentración insana a los problemas del Pacífico, la dinastía informativa de la capital y la presencia sobredimensionada de lo urbano. Por ejemplo, si quisiéramos hablar de espíritu emprendedor, deberíamos ver como se mueve la gente de Camoapa, como ven toda posibilidad y espacio para generar negocios, desde la misma manera que construyen sobre suampos y cerros, así también se las arreglan para no depender solo de sus vacas, aún la gente más pobre, si en la mañana venden tortillas, por la tarde van a limpiar una casa.

En esta era digital y de ofertas, quizá el mayor encanto del pueblo es que sus habitantes están poco interesados en ser “descubiertos” por el mundo. No hay una web visitcamoapa.com, ni algo parecido, apenas a la entrada hay un arco que dice “Paz y Bien, Bienvenidos a la Ciudad de Camoapa” con dos imagenes en los pilares: una es de la Purísima y la otra de San Francisco de Asís, más adelante otro rótulo dirige a los conductores a una vía que lleva a “La Calamidad”.

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Un pensamiento en “Buscando un centro: Camoapa”

  1. Seguro por esos rumbos encontrarás muchos “Huerfanos del tiempo perdido”. Espero que tu ruta sea con retorno y que no te tiente por nada del mundo, el camnino que lleva a “La calamidad”

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