"A la literatura nicaragüense le falta sexo, morbo y la posibilidad de perturbarnos"

Entrevista con Juan Sobalvarro

¿Cuál es tu pretensión como autor? ¿Qué buscás en la literatura?
Mi pretensión sería poder expresar con inteligencia parte de lo que soy, convencido de que otros son en parte lo mismo. Es decir, expresar algo de la condición humana. Estoy claro de que no soy portador de nuevas temáticas, ni de formas literarias, de modo que mi ambición se reduce a lograr cierto grado de emoción y de depuración estilística, lo que quizá podría equivaler a tener personalidad, aunque cada vez sé menos que significan las cosas. Entonces tal vez debería limitarme a decir que mi pretensión es poder expresar mi rabia con la entonación adecuada para mi placer. Por otra parte, aspiro a divertirme escribiendo, pero sólo lo logro la mitad de las veces. Escribir, además de ser en algunas ocasiones un acto tan exquisito como el sexo, también es angustioso. Es vital para el artista someterse a la tortura de conocer sus limitaciones y sus defectos, plantarse frente al espejo de la verdad y precipitar en aterrizaje forzoso a su ego. Por eso también aspiro a no deleitarme con la mierda de los otros, ni con la propia. A poder oponerme a cualquier verdad. Y a tener un día la capacidad mental de desarmar todos los discursos que tratan de someterme a una causa y si aún queda algo, escribir.

¿Tu trabajo está marcada por la ruptura de géneros: poesía-prosa, novela-testimonio, relato-cuento-artículo-prosema. Tiene alguna relación con tu visión del mundo, la literatura o es un momento estético de experimentación?
No creo que se trate de una ruptura de géneros, sino de tener como punto de partida que la literatura se escribe con palabras, si lo vemos así, notamos que las palabras no son un género literario, sino piezas con las que podemos crear ese “organismo verbal” del que hablaba Octavio Paz cuando se refería a la poesía. En todo caso, desde hace un siglo (Baudelaire de paso) la literatura es menos purista respecto a los géneros literarios, especialmente desde la prosa que es la que mejor ha denunciado la artificialidad de los géneros literarios. Pensemos además que los géneros literarios que conocemos en la actualidad no existieron siempre. Aunque debo reconocer que no tengo argumentos para invalidar totalmente los géneros literarios que conocemos, especialmente la poesía que en su formato de verso es de los géneros literarios el menos permeable o el que más rápido se reinstituye. La poesía en verso es además un lenguaje de secta. El lenguaje de una secta que se tiene tanta fe que a veces roza con la cursilería.
Por otra parte, ver de manera relajada esta relación entre los géneros literarios distiende las cosas en general, le abre al escritor el lenguaje con mayor plenitud y facilita algo que a mí se me hace inevitable, la hibridez. Vivimos en un mundo híbrido y en un agudo y cada vez más creciente proceso de hibridez. Y cuando hablo de hibridez no hablo sólo de géneros literarios, ni sólo de lo formal en la escritura, me refiero también a ritmos, a estilos y a contenidos.

¿La marca postmoderna en tu trabajo es inevitable, aunque pareciera que en Latinoamerica hay cierta resistencia y hasta optimismo, tu obra en general, está más cerca del nihilismo y desasosiego europeo y estadounidense. Por qué?
Digamos que por un lado se debe a razones domésticas y por otro lado a conclusiones ontológicas. La razón doméstica fundamental es el país en el que he nacido y vivido. Nicaragua sigue siendo desde sus inicios un país sin horizonte o de falsos horizontes. Cuando nací este país ya estaba en guerra y en mi juventud participé en la guerra. A esa experiencia le debo el haber tenido contacto con la especie humana sin caretas, ni formalismos. La revolución que se dio en el país cuando yo era un joven obtuvo un voto de buena fe de muchos nicaragüenses, ahora la resumo como un proceso agotador y frustrante. Pero al final creo que fue eso lo que nos enseñó que detrás de toda retórica -hasta de la más generosa- se esconde un dogma. Para mí la revolución fue una sobredosis de la peor retórica. Algo similar, pero mil veces más intenso fue lo que vivió Europa en la primera mitad del siglo XX. Ciertamente hay optimismo en una parte de Latinoamerica, pero lamentablemente es un optimismo que mira obsesivamente hacia el pasado con el deseo de cobrar viejas cuentas. Además, no es un optimismo que haya asumido el fracaso para luego renacer, sino que trata de obviarlo. Entonces es una de las peores formas del optimismo, el de la ignorancia. Pero también tenemos el falso optimismo de los oportunistas. Y estas formas de optimismo nada tienen que ver, como muchos quieren hacer creer, con ideologías.

–¿Es cierto que en Managua se toman las decisiones nacionales de Nicaragua, pero en la literatura y en la cultura nicaragüense en general, nunca había tenido lo urbano un rol tan importante?
Esto es interesante por dos razones, primero por cómo definimos lo urbano, y segundo, por cómo lo urbano ha adquirido actualmente hegemonía en países como los centroamericanos. Occidente por tradición tiene una definición clásica de lo urbano, la ciudad que se organiza a partir de un centro y que cuenta con una infraestructura más o menos organizada. Managua que es nuestra capital es probablemente la menos ciudad del mundo, carece de un centro y de infraestructura. Entre lo poco que posee de una urbe contemporánea destaca el pavimento, el que facilita la circulación del principal ciudadano, el automóvil. Además, el crecimiento poblacional en esta ‘no ciudad’ se calcula por supuestos y no con estadísticas fiables. Por lo mismo, existen márgenes de Managua que apenas imaginamos. Entonces, Managua como en otras ciudades sin desarrollo es un espacio donde lo urbano se redefine. No se define por la infraestructura, sino por el ritmo de vida y por la condición de anonimato en que se ven sumergidos cada vez más sus habitantes, gracias al crecimiento poblacional y el apabullamiento de la máquina. Creo que esta redefinición se ha hecho en los últimos años, pero es producto de un largo proceso que inició en los años 60 y uno de sus célebres protagonistas ha sido la universidad. Lo vemos en la misma literatura, y en la poesía sobre todo. La creación de las universidades en los años 60 tuvo como efecto el que surgiera la hasta ahora más numerosa generación de poetas nicaragüenses. De modo que podríamos decir que el universitario, convertido en poeta, ha sido uno de los principales protagonistas en la asunción de esa conciencia urbana. Un proceso parecido y paralelo se ha desarrollado en los otros países centroamericanos, pero vale anotar que es un fenómeno todavía incipiente.

¿Cofundador de 400 Elefantes, periodista, editor, autor de varios libros y crítico literario, son aportes muy grandes en un país donde la producción cultural es difícil. Hay una voz propia en la vida pública o seguís siendo un autor de los márgenes?
En Nicaragua todos somos marginados y practicamos la marginación sobre otros como forma de venganza. En el caso de los escritores, existe una docena de autores que tienen el estatus de oficialidad cultural y pureza nacional, digamos que esas son las voces públicas provenientes del gremio. También podríamos decir, por costumbre, que todos los que estamos fuera de esa oficialidad somos marginados. Pero no todos los marginados tienen una voz discordante. No me considero un autor de los márgenes, sino una persona que tiene profundas discordancias con las actuales voces rectoras y con las generaciones que me anteceden. Y son diferencias que se encuentran en cosas específicas, como la interpretación de la historia nacional, la lectura de la historiografía literaria, la administración del estado y las leyes, el concepto de democracia, la religión, el concepto de poesía, de calidad, de belleza y más.

¿400 Elefantes como revista y como editorial es una forma de autogestión cultural que se ha propagado prácticamente como forma de hacer literatura. Creés que las nuevas propuestas literarias y artísticas necesiten un impulso propio de los autores para existir o se puede confiar aún en la gestión estatal y privada?
Las publicaciones editoriales jamás serán una prioridad para los sectores estatal y privado que se caracterizan por poseer una avasalladora ignorancia. Esto deja a los escritores a merced de sus recursos. Y es falso que deba ser así porque ciertamente en otros países las iniciativas privadas, y con suerte hasta las estatales, impulsan y promueven a los escritores en general. La diferencia es que vivimos en una sociedad que somete todos sus intereses, incluso los comerciales, a la mezquindad. Por eso no vivimos en un país de empresarios exitosos, sino de personas que se han enriquecido gracias a su crueldad.

¿Existe un papel para el escritor? ¿Hay una función social del autor? ¿Y si la hay, cuál sería?
Escribir para expresar algo y lo ideal es que lo haga con inteligencia. Pero más que un papel sería una aspiración y en casos excepcionales sería algo inherente. Por cierto que he empezado a cuestionarme que si mucha de la poesía que toleramos como buena sea en el fondo inteligente. Queda claro que al final, es imposible no admitir que todo producto literario, independientemente de su originalidad o de su calidad, expresa algo de la condición humana. Esto me lleva a lo mismo, independientemente de los propósitos del escritor, los alcances de su obra son impredecibles, de modo que destinarle una función al escritor no deja de ser ingenuo o torpe. También es cierto que toda sociedad le destina un rol al escritor y que el rol que la sociedad contemporánea le encomienda es el de entretenedor. La diferencia la hacen los escritores que trascienden los roles que se les destinan.

¿Qué se escribe en Nicaragua? ¿Cuáles son los silencios?
Según lo que leo, se escribe de casi todo desde la poesía. Hay nuevas producciones en novela y cuento. Pero especialmente en la novela los productos son tan modestos que casi nada se salva de la mediocridad. Las nuevas novelas nicaragüenses parece que han sido escritas en la conformidad de que hacer una novela es contar una historia y no escribir una obra literaria. Muchos con libros publicados ni siquiera saben narrar, y de los que saben hacerlo, la mayoría todavía ni vislumbran la posibilidad de trabajar una novela como se trabaja la poesía. Y en ese sentido no podemos obviar que los escritores nacionales que actualmente son referentes comerciales, son autores de novelas narrativamente muy simples, muy desnudas digamos y eso indudablemente tiene un influjo sobre los aspirantes a novelistas que quieren igualar el esfuerzo y son consumidos por la ansiedad de publicar. Tampoco lo digo como una exigencia despiadada, debemos admitir que la novela nicaragüense es apenas una criatura en incubadora.
Por otra parte, a la literatura nicaragüense, de acuerdo a mi gusto, le falta sexo, conste que no digo erotismo porque entonces nos quedaríamos con los mismos eufemismos. También le falta morbo y la posibilidad de perturbarnos. Le falta aprender a alimentarse de su propio tiempo y a no hacerlo con vacilación. Le falta cultismo, barrer definitivamente con el prejuicio de que un escritor cultivado es burgués, es elitista y por ende despreciable. Muchos escritores que simulan una voz rural en sus textos, son burgueses, elitistas y despreciables. Además, creo que se debería crear una ley literaria medioambiental que prohíba hablar de árboles y animales en la poesía nicaragüense porque la mayoría los utilizan como motivos cursis. Hay que respetar la dignidad de los animales y las plantas. Al final, hay no sólo silencios, sino también huecos y abusos.

¿Hacia dónde va la literatura nicaragüense?
Lo ignoro, pero es evidente que la narrativa en las formas de la novela y el cuento darán algunos pasos significativos. Es decir, deberían dar pasos significativos. Y en la poesía no deja de haber expectativa, creo que con la excusa de que los grandes maestros son los del pasado, no se está evaluando justamente todo lo posterior a la generación del 40 y la tarea con el tiempo se va haciendo más extensa. Es decir, se necesitan estudiosos que vayan más allá de la compilación, que sepan individualizar a algunos autores en contextos nacionales e internacionales. Pero lo más probable es que a ese tipo de estudiosos nunca lo veamos.

¿Qué influye más a los autores de tu generación? ¿Qué se lee?
Se me hace difícil identificar a una generación literaria. Tal vez es posible desde la trayectoria de cierto grupo de poetas que surgió en la década del 90, que fue la del fin de la guerra fría y la expansión de la revolución tecnológica. En un estudio sobre esta generación afirmo que este grupo de poetas dio respuesta a discursos relegados y no resueltos por generaciones previas. Y para forzar un resumen podría mencionar algunas polaridades que definirían al grupo: frente al compromiso político, el lirismo y la apatía; frente al erotismo tradicional, el sexo profano y la diversidad sexual; frente a la uniformidad tallerista y el canon literario, la diversidad en estilos y contenidos. Se deduce que las influencias son igual de diversas. La mentalidad común podría ser que hay que leer de todo. También se da un rasgo, pero que tal vez es común a otras generaciones anteriores, y es que todos tenemos como referente fundamental a por lo menos un poeta nicaragüense posterior a Rubén Darío.

¿Si no se puede vivir de la literatura, entonces de qué?
De cualquier cosa por la que se esté dispuesto a recibir un salario.

2 pensamientos en “"A la literatura nicaragüense le falta sexo, morbo y la posibilidad de perturbarnos"”

  1. Somos un pais de un tropico exuberante y absoluto.Me parece contraproducente “crear una ley literaria medioambiental que prohíba hablar de árboles y animales”. ¿Hay que talar los arboles, flores y plantas hasta de los poemas?

    1. No niño, sólo hay que dejar de usar a los animales y las plantas como decoración cursi en los poemas. Y no rellenar los poemas de fauna y vegetación para ocultar un vacío o porque se cree que con eso se resuelve lo de la sensibilidad, la elevación o cosas por el estilo.

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