La ciudad de las calles sin nombre

Managua es un accidente. Apenas unas huellas cuenta su historia, callada y tímida como muy pocas capitales del continente. Ningún cacique refiere su historia, porque antes de ella existía Nagarote y Tipitapa. Los españoles fundaron primero León y Granada, después los terremotos de 1926, 1931 y 1972 se encargaron de sepultar no sólo los libros, también a muchos que pudieron hablar de ella.

Managua no es una ciudad, es un lugar de caos, dicen muchos. Pocos hablan bien de ella. Desde el aire los extranjeros que llegan al aeropuerto Sandino ven un espeso verde y preguntan si la capital queda muy lejos. Todo el que puede irse se va, aunque sea a las orillas de las carreteras, porque Managua es fea, caliente, violenta y difícil.

Una calle que se prolonga por 14 kilómetros es su centro, una carretera que ni siquiera tiene un nombre que le haga honor, sino, se llama como una ciudad vecina, Masaya. Es la culebra nahuatl, así llamaban los antiguos mexicanos a la región donde llegaba el imperio. ¿Y eso es todo?

Desde el fin de la guerra de 1990, una nueva generación de capitalinos está formando una identidad urbana donde les tocó vivir, algunos autores como Juan Sobalvarro, Franz Galich y Henry A. Petrie, pero sobre todo el movimiento musical juvenil, empezaron a reafirmar los rasgos de la Managua actual, reducida hasta la fecha al mito del terremoto, una cloaca monumental y contada en tiempo pasado, como si no existiera nada en el presente que se moviera sobre sus adoquines.

La escritura no debe olvidar de contar el presente, más allá de las oficinas de partidos, bancos, empresas y la alcaldía, este es el patrimonio del periodismo enfermo de prominentitis, ese virus que ataca a la clase media nicaragüense y no sólo le inhibe de hablar con la gente de la calle o un busero porque no te va informar tanto como un funcionario, también te hace creer que vos mismo sos demasiado importante como para sentarte en la butaca de una mercadera sudada y decir qué pasa.

La escritura no sólo necesita talento, de buenos escritores está lleno el mundo, en realidad son pocos los periodistas comprometidos y dispuesto a usar su mágica mano para dar espacio a otros en un proyecto común que hable de lo cotidiano. Los grandes reportajes en todo caso, siempre empiezan en la calle. No se puede esperar menos de Amalia Morales, brillante como siempre, no sólo para sí misma, sino, mostrando a gente como yo que se puede enderezar el camino y que las crónicas están en las esquinas en boca de la gente y no en internet.

Con las crónicas Managua en 24 Horas confirmo que la ciudad es el paraíso de la escritura, tantas historias detrás de los vidrios de los buses o automóviles, las referencias que nos sirven para orientarnos, son lugares vivos que cuentan cada día cosas distintas, la rutina de las paradas de buses y los semáforos más transitados, son submundos propios y autónomos, un trámite, un tiempo de comida e incluso ir a la iglesia se convierte en una odisea llena de desencantos o aventura.

Me sorprende todavía que la capital sea aún un lugar abierto para los encuentros, sin importar la condición social, ya sea en una lecheagria, una parada de buses o un semáforo, igual es llamativo que los lugares de aglomeración no sean como en las grandes urbes, sitios de anonimidad, aquí los mercados y las paradas de buses son espacios de interacción viva y eficaz, de la misma manera los sobrevivientes de la economía global, son más que indigentes según el imaginario popular, así la historia de Marta Leonor González sobre el vendedor que llevó a dos de sus hijos a la universidad.

Obviamente no es la misma ciudad que destruyó el terremoto de 1972, ni menos ni peor tampoco, la epopeya preapocalíptica no es más la Managua de hoy, entre la moderna Carretera a Masaya y los suburbios, el empleado del banco y el pandillero, el taxista y el ama de casa, el desempleado y el estudiante, Managua fea, ardiente, incorregible y sucia, es la ciudad donde las calles no tienen un nombre, sino, muchos.

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2 pensamientos en “La ciudad de las calles sin nombre”

  1. no conoces bien mi capital solo mencionas las partes malas de ella pero tambien es una cuidad llana de costumbre y buena gente

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