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4 días sin agua

Domingo. Son las seis de la mañana y aún queda agua en un balde y el lavandero. Agua amarillenta con aspecto a tamarindo. Los que pudieron se han bañado, los que esperaban lavar su ropa tendrán que esperar… hasta la noche, piensan. Volverá, siempre lo hace. Uno cree que solo es un racionamiento más, de esos frecuentes y repentinos.

Lunes. Todos en casa preguntan por qué no dejaron los grifos abiertos. ¿Habrá llegado en la madrugada? ¿A mitad de la noche? Empezamos a buscar culpables entre nosotros. La reserva se acabó desde la primera mañana. También se acabó la plata. Un galón de agua cuesta 30 córdobas en la venta, de haber sabido hubiéramos comprado por 20 un balde de los camiones, pero pensábamos que era leche. Solo yo he lavado mi ropa el domingo, los demás se han quedado con la última mudada limpia. La gente pasa por la calle con sus baldes, descubrimos un pozo público a 200 metros aquí en el oeste de la ciudad, compramos dos tinas de plástico, uno para lavar con agua del pozo y el otro para beber. Los camiones que distribuyen no han pasado hoy, la demanda es grande, las pichingas que han servido antes para comerciar con leche, hoy se usan para traer agua que rápidamente se consume, más aún en días como este.

Martes. No ha llovido, la presa está casi seca, por eso se raciona el agua, pero al menos hay servicio dos horas en la mañana y dos horas de noche. En el pozo público se pagan cinco córdobas por bañarse y diez por cada balde de ropa sucia y el lavandero. Amanecimos reciclando la ropa, lavando apenas los calzoncillos. Logramos parar uno de estos camiones, pero las pichingas venían vacías, alegrón de burro.

2015-07-24 08.38.47Miércoles. Porque hace calor, consumimos más agua. En casa de una amiga, veo TV Camoapa que aborda a la delegada de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal). Anuncia que es posible que la limpieza de los filtros y las paredes de la presa termine en las siguiente 24 horas.

Jueves. Uno no puede confiar en los funcionarios. No tuvimos agua. El grifo parece un objeto de arte conceptual. Ni una gota sale.

Viernes. Volvemos rápido a la casa. Los vecinos nos avisan que llegó el agua a mediodía. Recogemos lo que podemos, llenamos todos los recipientes posibles. Nunca me he sentido tan contento como ahora en todo lo que tengo de estar en Camoapa. Esperaba que no ocurriera de nuevo, pero pasaría. Lo normal es recoger diario agua en la mañana o en la noche, en el par de horas que hay servicio.

Mucha leche, poca agua

Camoapa es más pueblo que ciudad. Es próspera, aunque la gente se queje de la mala venta los comercios se mantienen en movimiento constante. El ejército patrulla en lugar de la policía, el dinero fluye por los trámites de las cooperativas ganaderas. A nadie parece importarle los soldados con sus AK-47 en el centro, por el contrario, están satisfechos por la seguridad.

El pueblo es rico, agradable, hospitalario, incluso tiene su propio microclima, por lo general el aire es fresco. Sin embargo, Camoapa tiene sed.

Vender agua es un negocio reciente y pujante, comenzó prácticamente de modo informal cuando en el 2007 la ciudad tuvo la peor sed de toda su historia. Elcira Somoza explica que su padre traía agua de su finca Miguelito y los vecinos le empezaron a pedir que les trajera también a ellos algunos bidones. Ese fue el tiempo que se contaminó la presa con lechuga de agua, cuando los estudiantes se unieron a los mismos soldados que cuidan la leche para limpiar la fuente más importante de la comunidad. Diario circulan camiones repletos de pichingas. Ahora hay cuatro empresas locales de purificación de agua potable y un camión viene a vender desde Boaco. Las empresas marchan tan bien que el agua ya se embolsa de modo industrial.

Enacal no suple de agua potable

El embalse “Rocas Morena” queda a 8.5 kilómetros, debía solucionar el problema de agua potable de Camoapa, pero más bien la empeoró, asegura el periodista y activista ambiental Raúl Martínez Marín. En verano cuando los ríos reducen su caudal, los racionamientos son más intensos, el temor general es que una sequía prolongada no solo acabe con el pasto para el ganado, sino, con el agua de la presa.

Los camoapeños se han resignado. Los que pueden se han comprado contenedores cuyos precios rondan los 10 mil córdobas, los que tienen suerte cuentan con un viejo pozo en sus patios, el resto va a los pozos comunitarios.

Gertrudis Soto, ha vivido en Camoapa toda su vida, siempre el agua ha sido un problema aquí, cuando era niña la única manera de suplir del líquido eran los pozos, un río cruzaba por el pueblo y lo usaban para lavar o bañarse. Ahora es un cause donde cae la corriente pluvial y las alcantarillas. Uno de los momentos más críticos que ha vivido fue hace un par de años cuando faltó el suministro de agua por 9 días consecutivos.

En el país donde el Estado no informa, intenté hablar con la delegada de Enacal, Nidia Cruz, la misma que apareció en la televisión informando el cambio de los filtros en los cuatro días se servicio interrumpido, no concede entrevistas ni sabe quién puede informar. Tenía dos preguntas. ¿Si cuatro familias de hacendados han podido suministrar agua potable a la población, por qué entonces el gobierno tiene problemas para hacerlo? ¿Es realmente agua potable la que distribuyen?

Martínez indica que los estudios de organizaciones no gubernamentales indican que la mayoría de camoapeños no consumen el agua del grifo para tomar, sino, para lavar y limpiar, hay personas incluso que han dejado de bañarse con el agua de los acueductos públicos. El gasto por agua comprada a familias locales está entre los 400 y 600 córdobas por hogar. Algunos estudios revelan además que hay una presencia casi absoluta en todos los pozos de la bacteria escherichia coli, causante de infecciones.

Por otra parte, la instalación de pozos comunitarios ha sido gracias a la cooperación extranjera y hermanamientos de la alcaldía local. Algunos pozos tienen agua de gran calidad para el consumo humano, pero por lo general hay mucha desconfianza en la población, particularmente la más pudiente.

Interesa más electricidad que consumo humano

El mayor interés en la región sin embargo, no es garantizar las fuentes de agua, sino, desplazar éstas al sector energético. El proyecto “Aguas de El Carmen” tiene en alarma a los ganaderos de la región. Se tratan de un plan de 330 millones de dólares financiado por Holanda para desviar aguas del Río Grande y crear una represa hidroeléctrica al norte del departamento de Boaco. Con esto siete mil personas de siete comarcas completas serían desplazadas. Un productor, explica además que se trata de una de las zonas más productivas, con fincas excepcionales cuyas familias han poseído la tierra por varias generaciones.

Aunque para Martínez el problema principal del agua en Camoapa no es la carencia, sino, la distribución y sostenimiento, “hay agua, pero sin calidad”, pero la sostenibilidad de la represa Rocas Morenas que se alimenta de los ríos Cakla, Mombachito y Guambuco, tiene viabilidad hasta el 2022, según el proyecto original, por lo que preocupa la poca reforestación en la ladera y la pésima gestión de las fuentes pues muchos pobladores tiene letrinas, ganado y usa pesticidas cerca de los ríos que alimentan la presa.

En cuanto al suministro privado. Alcira Somoza, dueña de la empresa familiar Agua Miguelito, explica que cuenta con permiso sanitario y tecnología de filtro de carbón para purificar, pero no tiene un plan de mantenimiento, ni un control del nivel de las fuentes subterráneas, aunque en su finca ha reforestado, dice que el sostenimiento del agua potable está solo “bajo la voluntad de Dios”.

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