Vivir como un libro

Llegas a la página y me lees,
las letras son difusas,
manuscritas y con desperdigadas rayas.
Ves un título profano y te ríes
pero no de lástima.
También soy una palabra confusa
con faltas ortográficas.
Llegas a otra hoja
para deletrear los surcos,
penetras un punto, otra coma
y te suspendes en la cifra
que no es importante conocer.
Todos portamos un número
al pie de una página biográfica,
escrita en el Libro de la Vida
o en el Libro de la Muerte,
pero al fin, escritas en la piel del musgo,
en mi pellejo de animal particular.
¿Eres tú el crítico que busca mi ombligo,
intentas ensayos sobre mi oreja y mis uñas,
reflexionas sobre mi vientre,
analizas concienzudamente el pene, la tetilla,
las arrugas de la frente
y te escondes tras la carátula
en la ridícula mesa de una biblioteca
o en el sillón reclinante de la sala?

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