Payasito Firuliche

El payaso Firuliche, foto de C. González

Décadas atrás el mundo cabía en una carpa. Managua era sólo una aldea que comenzaba en El Malecón y terminaba en Tiscapa, y en lo profundo de la montaña sólo llegaban caballos, burros o camiones que iban o venían de la frontera, cafetales o haciendas.

Las noches se alumbraban con velas o ruidosos motores de gasolina en las avenidas de Nicaragua y la vida de los niños terminaba en una esquina, sobre un palo de mango o a la altura de un cometa volando sobre los tejados de barro de un pueblo nublado de esos tantos que existían y cuyos míticos nombres suenan ahora tan comunes como una hoja seca que se la lleva el viento.

Por eso palpitaba el corazón de un niño que hoy es abuelo, cuando el bombo interrumpía el sonido de los pájaros, el murmullo del río o el trote de los caballos y aquellos héroes de la infancia aparecían de improvisto. Era el Circo de Firuliche con sus leones amaestrados y contorsionistas, sus malabaritas y trapecistas, con los magos y sobre todo sus payasos, los únicos que rompía el encanto monótono de un país apenas concibiéndose, primitivo y rural.

Quince centavos eran suficientes para conocer el otro mundo dentro de la carpa. El mundo de las risas con pies descalzos en las butacas de madera o zapatos de cuero los de silla plegadiza. Toda la alegría podía valer apenas real y medio.

Nuestros padres, los mismos que conocimos con el lomo partido, llorando las guerras sucesivas, las navidades racionadas y los abuelos, mucho antes que partieran al silencio o tuvieran la piel elástica y reseca, son generaciones inocentes que sonreían con aquellos payasos de un circo que durante décadas  refrescaba sus vidas como una brisa y como el flautista de Hamelín los encantaba para llevarlos a soñar un mundo inexistente.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió: “Eran clarines guerreros las cornetas de cartón de los payasos y altas banderas los harapos flameaban anunciando la mayor fiesta del mundo. La carpa estaba toda llena de remiendos, y también los leones, leones jubiladitos; pero la carpa era un castillo y los leones eran los reyes de la selva; y era la reina de los cielos aquella rechoncha señora, fulgurante de lentejuelas, que se balanceaban en los trapecios a un metro del suelo” y de esa manera el que entraba al circo de Firuliche no salía nunca.

Fabio Gadea Mantilla, el narrador popular, explica que durante su infancia en Ocotal sólo podía conectarse con el mundo a través del circo, no había carretera para entrar al pueblo y quienes llegaban necesitaban animales o camiones.

Como niño lo desconocido más allá del pueblo sólo podía llegar con Firuliche. Era más fácil encantarse con la visita del circo en aquella época. No había nada, ni televisión, ni radios, ni diversiones. El circo era realmente único, por eso “los niños de ese tiempo que tienen mi edad, setenta y pico, todavía lo recuerdan”.

Por las tardes sacaba sus parlantes para anunciar la función de las siete de la noche y a las seis prendía el motorcito de gasolina que le daba luz a la carpa mientras los niños llegaban a la única función diaria para ver a Firuliche.

Cerca de la Chibolería Gil en la Colonia San Sebastián había un predio montoso que podaban para levantar la carpa de Firuliche. Ahí el periodista Mario Fulvio Espinoza llegó a la función como casi todos los niños de su vecindario, como casi todos los niños de Nicaragua. Eran los años cuarenta.

Firuliche cantaba, recuerda Espinoza. Estuvo de moda en aquella época “Noches playeras”, un bolero popular de Los Tres Ases y lo acompañaba una “orquesta” de trompeta, bongo y acordeón. Su esposa chilena y su hija Marina eran parte del show, acróbatas de la cuerda floja y contorsionista, pero también se habla de otra hija de la pareja, Francia, una mujer muy bella, quien mucho después como gran parte de las mujeres de su época le confesó a Carlos Mejía Godoy que Rafael Gastón Pérez le había compuesto Sinceridad.

Había también un perro que saltaba sobre un aro y Rabanito, un payaso que acompañaba a la estrella de la función, Firuliche. Ese era el gran circo. Ese era el show.

Sin embargo, entre todos la mayor atracción era un animal especial. Firuliche había logrado domar al más difícil de toda la fauna. ¿Cuál es el más indomable en el reino de las bestias? No era un tigre de Bengala, ni un león africano, ni un jaguar guatemalteco. Nadie sabe cuánto tiempo necesitó para lograr la gran hazaña, pero lo había hecho, finalmente alguien pudo domesticar a un burro, un burrito segoviano.

Se llamaba Torcuato y lo había encontrado en Somoto deambulando por las calles. Quiso demostrar a los segovianos incrédulos que podía hacer de ese pobre animal criollo un gran artista de las carpas centroamericanas y más allá.

Torcuato aprendió a contar, daba el uno, el dos, el tres… Rebuznaba cuando le preguntaban qué hacía si tenía hambre, se inclinaba ante la bandera y levantaba una pata en señal de saludo. ¿Y si le decía a la burrita que ya no lo quería? Entonces hacía una mueca de agravio.

“Buscame a mi suegro”, le pedía Firuliche y el burro iba precisamente donde estaba el padre de la más bonita del público y si le decían que saludara a la futura esposa del payaso, entonces bajaba la cabeza frente a la supuesta novia.

Carlos Mejía Godoy tiene una canción inédita del burrito segoviano y hace alusión a Torcuato, el más famoso de los équidos nicaragüenses, el único que ha logrado llegar hasta Chile en sus giras internacionales.

El show de Firuliche era sencillo, apenas habían chistes de doble sentido, pero no tan morados como los de ahora. La voz debía ser modulada en un tiempo sin micrófonos y los niños de aquella época imitaban después las bromas en tono de payaso. Se estableció por un tiempo la expresión sinónima del cantinfleo, decían a los muchachos locos del barrio “éste es un firuliche”, explica Espinoza.

Franklyn Handal, conocido como Ratonini, explica que el circo era antes toda una empresa. “Firuliche en esos tiempos era muy famoso, tuvo un circo muy bueno con una pista barnizada donde entraban los artistas en alto. Tenía leones, lo cual sólo tenían los circos buenos”.

El circo tuvo su momento de esplendor y competía con los circos mexicanos, estuvo en casi toda Latinoamérica, pero en Nicaragua el payaso tenía una relación muy especial, de amor y lágrimas, como suelen ser las vidas bajo la carpa.

Carlos Mejía Godoy, le compuso una canción para su cumpleaños 80 cuando aún vivía en Nicaragua: “Firuliche, Firuliche, he venido con los niños de mi pueblo a cantarte tu epopeya de sonrisa y caramelo… medio siglo de sembrar felicidad, viejo zorro de la carpa, combatiente de la paz”.

El cantautor recuerda que tenía seis años cuando escuchó la palabra mágica “Circo”. Fue un gran berrinche porque no lo llevaron a la primera función, pero en la segunda grabó en su memoria la parodia de La Cucaracha, donde el payaso cambió la letra para hablar de una de sus camionetas maltrechas que ya no podían andar.

También parodiaba los versos de “Las Abandonadas” del poeta Julio Sesto que originalmente dice: “Cómo, me dan pena las abandonadas, que amaron creyendo ser también amadas. Y van por la vida llorando un cariño, recordando a un hombre y arrastrando un niño”.

Firuliche decía “como me dan penas las llantas usadas que van por la carretera…”. Cantaba una canción “Alfredo basta”, de un tipo que echa mano a una señora y la mujer está tratando de librarse del acoso del tipo.

Los payasos eran tan ingenuos como su público, eran como niños. Se agachaban y les salía humo por detrás, se peleaban y cantaban canciones. Firuliche tenía un paraguas con sólo la manigueta y una valija de acordeón que se aplastaba, siempre se caía al entrar. Los grandes maromas eran andar a caballo de espalda, subirse a una pelota y levantar a otra persona desde un pedestal con la quijada. Eso era espectacular entonces y caló en la memoria, una memoria cada día más difusa.

Firuliche se llamaba Eugenio Salvador Chávez Bonilla y no era nicaragüense. Nació en El Salvador y según Franklyn Handal “Ratonini”, tenía un hermano que fue diputado o alto funcionario en aquel país, por eso era como una afrenta para la familia que él fuera payaso.

Tenía una esposa, una mujer muy simpática de origen chileno que había llegado con otros cirqueros a Nicaragua, Juanita Rodríguez. Trabajó también con su cuñado a quien apodaron simplemente “El Chileno” y fue presentador de sus espectáculos.

Chávez era virtuoso, como director del colectivo era empresario, mecánico de sus destartalados camiones y director artístico. Como los gitanos incorporó a sus hijos al circo, no podía ser de otra forma. Además de Francia y Marina, habían dos muchachos, uno de ellos era percusionista y el otro lo recuerdan como “el chele”.

Firuliche tocaba guitarra, mandolina y trompeta. No era un gran maestro, pero tenía una serie de canciones humorísticas y parodias. Mario Fulvio Espinoza considera que el gran éxito de Firuliche fue su exclusividad. Tuvo por mucho tiempo la única carpa de circo.

Además era el más popular e inteligente, sabía darse propaganda y viajaba por todo el país, con excepción del Atlántico. Se trataba de un personaje que entraba a la clase popular, en los barrios y aldeas.

Su vida la dedicó al circo. En 1931 comenzó junto a su esposa, pero en 1948 se le quemó la primera carpa en Matagalpa después de encender un motor de gasolina para las luces en la función nocturna en días hábiles.

En 1949 en Guatemala pasó una grave crisis porque existía un conflicto con El Salvador. Firuliche trabajaba entonces en el Circo Imperial de propiedad salvadoreña y tenía dicha nacionalidad por lo cual cayó preso. Fue liberado cuando los niños de las escuelas públicas hicieron una colecta nacional y recibió dinero también de otros países latinoamericanos.

Firuliche era risas, pero Don Salvador era un encantador. Gadea Mantilla lo recuerda como un tipo generoso y comunicativo, conocía a todos los artistas. A Handal le decía que si le picaba una hormiga la agarraba y la ponía en el suelo, porque no quería conflictos con nadie, especialmente en la época de gran competencia de circos, en los años setenta.

Mejía Godoy, hijo de aduanero y ciudadano fronterizo vió circos que nunca se presentaron en Managua, pero si en Somoto porque debían pasar la aduana, así conoció al hombre más fuerte del mundo que arrastraba un camión con los dientes, Joe Carson que partía ladrillos con las manos, pero nada volvería a ser lo mismo después de Firuliche, “el más ilustre, el más humano y versátil de todos”.

Torcuato no era un simple nombre que suena gracioso, era el poeta de la contrarreforma italiana Torquato Tasso, a quien Goethe y Lord Byron dedicaron algunas obras. Se consideraba además que había hecho mil 680 funciones benéficas para la iglesia y ermitas católicas sobre todo.

Mientras los otros se peleaban por las plazas públicas cuando dos circos coincidían en el mismo pueblo, Firuliche se iba y les dejaba el lugar, pero cuando miraba que había un camión de sus competidores a mitad del camino, sacaba sus herramientas y ayudaba a repararlo.

“Comenzamos a dar obras de teatro español, llegamos a Tegucigalpa y no había teatro, tenían compromisos para dos meses. A la pensión llegó Firuliche, nos dijo, ‘muchachos no se aflijan, ustedes pueden usar mi circo cuando quieran para presentar sus obras desde mañana si quieren’ y en efecto nos presentamos tres noches y recogimos suficiente para venirnos en avión porque mi padre estaba furioso que me había ido con un hermano mío”, rememora Gadea.

El sábado 24 de abril de 1982 celebró 50 años de carrera artística en una casa de Unidad de Propósito, esa misma tarde tuvo una función de gala con Marina Chávez, su hija de 45 años. El Ministro de la Junta de Reconstrucción Nacional Samuel Santos, actual canciller de la República le entregó un diploma por su larga trayectoria.

Dos años después Mejía Godoy grabó un programa de televisión en su carpa para celebrar su cumpleaños 80 y se formó una asociación de cirqueros donde cubanos y soviéticos dieron cursos a los artistas nacionales, pero Firuliche se fue a El Salvador donde tuvo poco éxito y murió en 1989, dicen que tuvo miedo, pensó que confiscarían su circo.

Estuvo viviendo en dos pueblos Somoto y Jinotepe, afirma Mejía Godoy. Uno de sus hijos probablemente nació en Nueva Segovia, Mario Chávez, estudió la primaria allá y dirigía la banda del circo y más tarde fue animador, para sus compañeros era un gran honor porque hacía malabares desde entonces, después estudiaron la secundaria en Diriamba.

En los setenta había más competencia de circos, las carpas disputaban las plazas públicas, entre ellos los más reconocidos eran el Circo Mágico y el Handal. Don Salvador se dedicaba más a las parodias, cantaba y contrató dos payasos cubanos: Pizarrín y Tumbita, un poco más pícaros.

Handal cree que un hermano de Firuliche en Jinotepe, era gerente de la Funeraria Católica. Su hija Marina se casó con el trompetista Enrique Téllez y juntos migraron a El Salvador, su único nieto también es músico y tiene una banda allá, es el único descendiente que queda vivo.

Su apego a Nicaragua fue felicidad y tragedia. Aquí conoció a su esposa de toda la vida, crió a sus hijos, encontró el camino al éxito y fue un ídolo de generaciones muy querido y respetado, pero uno de sus hijos murió de fiebre perniciosa primero y el otro, Mario, se accidentó en moto cerca de Diriamba.

Encontró la muerte cuando la familia no tenía cómo enterrarlo, hasta que alguien les encontró lugar en una bóveda de Jinotepe. Firuliche también vio morir a su esposa.

Al final de los años el gran payaso tuvo que rendirse a la vejez aunque no pretendió abandonar el circo. “Había perdido mucho. Los tiempos cambian, el era un payaso viejo de aquellos tiempo, el modernismo avanzaba y el se quedaba en lo mismo. Tenés que estar calentando los dicharachos, los movimientos de la música, tenés que estar activo. La mayor parte de payasos viejos viven en el pasado”, explica Handal.

— Ahora hay internet, fax, celulares, ponés mensajes, chateas, pero los niños perdieron la inocencia, aunque siempre le gustan a los chiquitos (payasos) como Pipo–, expresa Gadea.

— Será que se pierda el recuerdo de Firuliche?– preguntamos.

— Con el tiempo probablemente, cuando comience a morir la gente como nosotros que lo vio y lo recuerda con nostalgia. Se va a perder obviamente, no es un personaje científico, no es como Cantinflas que es nombre de diccionario o Chespirito. Firuliche es muy de aldea, muy de antes, de provincia, ingenuidad, no sé…

— El valor que tuvo?

— Llenar una época que estaba vacía de diversiones para los niños. Cubrió una época determinada en el imaginario popular, ese regalo a la niñez que entonces lo necesitaba, como lo dejó en México el Grillito Cantor, Francisco Gabilondo Soler. Hay que agradecerle a Dios el habernos regalado un talento como ese, que hizo sonreír a la gente y dejó esos recuerdos gratos, en lugar de tristezas de guerras, metralletas y asesinatos.

11 pensamientos en “Payasito Firuliche”

  1. Según me cuentan,mi abuela se llamaba Maria Chavez y fue trapecista del circo Firuliche de donde mi abuelo Felipe Andres Baltodano se la llevó y se caso con ella.

  2. Gracias por el relato. En mi niñez fui espectador de Firuliche. Soy somoteño y aquí lo recordamos con mucho cariño. Sigue siendo tema de conversación y de gratos recuerdos.

  3. Hermoso relato. Contado con todo el corazón. Me he encontrado con esta delicia a la memoria por instancias de mi esposa, quien es nicaragüense (yo nací en Guatemala). Ella siempre menciona a Firuliche, y, de hecho, recuerda algunas de sus bromas ¡y a Torcuato! Así que para ella fue placentero que le leyera en alta voz estas lindas palabras que nacen de los niños que fuimos, somos y seremos.

  4. ¡Gran historia Luis! Víctor Sandino, mi abuelo, fue músico de la banda musical de don Salvador. Así lo relata mi padre quien siendo un niño anduvo de pueblo en pueblo con el circo Firuliche, en la década de los 50.

  5. Enrique, recibe mis mas sentidas condolencias por la perdida de tus ilustres abuelos y tu muy estimada madre, Con tu permiso, me hago voz de todos tus amigos y companeros del pedagogico que compartimos tus historias del circo de tu abuelo, el ilustre Firuliche, a quien no conocimos en nuestra juventud que por los pocos comentarios que nos hicistes con toda la humildad que te caracterisa y que seguramente heredastes de tu abuelo, el hombre que lleno de risas las caras de toda una generacion de ninos nicaraguaenses.

    Recibe un abrazo de tu buen amigo, Lester Dixon

  6. Hola!! solo quisiera agradecer en nombre de mi abuelo EUGENIO SALVADOR CHAVEZ BARILLAS FIRULICHE tan lindo gesto de recordar al cómico mas genial y humano de Centroamérica quien fuera mi abuelo, mi nombre es Enrique Salvador Tellez Chavez , algunos datos no estan correctos FIRULICHE fallecio en San Salvador en 1992 y su esposa Juana Rodriguez de Chavez en el año 2004 y mi madre Marina Chavez de Tellez en el año 2005.

    1. Muchas gracias por tu comentario y las aclaraciones. Los datos con los cuales había contado son de artículos publicados y colegas de su abuelo a quienes entrevisté. Así que disculpen los errores involuntarios. Personalmente nunca vi a Firuliche, pero todos en mi familia hablaban de él… Así también como lo describes, por eso ha quedado en la memoria de los nicaragüenses. Saludos.

    2. hola Mi nombre Richard COooper, queria comentar que mis abuelos trabajaron con FIRULICHE, mi abuelo fue Prestidigitador e Ilusionista y mi abuelita lo acompañaba en unos puntos por ejemplo me comenta que con los ojos vendados entregaba rosas, por cierto ella cantaba me cuenta mi abuelo que tenia una gran voz, muy fuerte y buena voz, me gustaria que me confirmaran esto, los nombre son Mi abuelito que aun vive: Maclovio Cruz, mi abuelita que fallecio en 1998: Concepción Iglesias, él me comenta que llego primero a arreglar unas llantas que les ”hacia chaflanes” segun me comenta y arreglaba las sillas metalicas y luego fue que se incorporo con los puntos artisticos. saludos y felicidades por tan ejemplar familia artistica

    3. hola buenas tardes, quiza sea un poco insistente, pero quiero preguntar si recuerdan a María Concepción Iglesias de Cruz conocida como conchita la que cantaba en el circo y recuerdo que decia mi abuelito que cantaba sin microfono; y a don Maclovio Cruz que era el ilusionista y prestidigitador…me comento mucho mi abuelito sobre el circo y sus vivencias, felicidades nuevamente por el legado de su familia.
      respetuosamente desde San Salvador: Richard Cooper Cruz

  7. Siempre recuerdo a Firuliche con mucho carino, el para el terremoto de 1972 en Managua llevo su carpa para albergar a los que perdieron sus casa en el barrio Santa Ana,
    Recuerdo las canciones que nos hacian reir, como; Tereza la Panadera, yo tengo Real y medio y medio Con Un Real, entre otras. !!Que Dios lo tenga en su Reyno amigo Firuliche!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Política, Cultura y Sociedad

A %d blogueros les gusta esto: